domingo, 6 de febrero de 2011

Encerrada en esta cárcel de cristal.


Se supone que es muy fácil decir que “estoy bien” aunque por dentro me esté muriendo... 

Una estúpida sonrisa...

Hoy he estado pensando en la cantidad de veces que me pongo triste al día, que pienso en la gente que ya no está, en la que está pero como si no estuviera, en los que me han fallado... Pero luego hago un balance, y veo la cantidad de veces que me he reído a lo largo del día, y son cientos de veces más, porque cada chorrada, estupidez, hacen que suelte una carcajada.
Y he aprendido algo, y es que el destino existe. Por supuesto, todos tenemos un camino que elegir pero puedes cambiarlo según como quieras vivir, puedes elegir quedarte en tu casa sentado en el ordenador mientras cotilleas, te aburres y escuchas música triste, cuando seguramente acabarás llorando y amargado, o puedes salir con tus amigos por un parque y a  vivir la vida y punto. A sonreír. 

Porque hoy voy a sonreír. Sí, porque a pesar de que ese rímel se corra sé que se corre por un buen motivo. Sonreír aunque el tiempo diga lo contrario, aunque no pueda olvidar el pasado. Quizás vuelva a caer de nuevo varias veces, pero los buenos momentos no me los va quitar nadie.
Y no voy a permitir que nada ni nadie me quite mi sonrisa.

sábado, 5 de febrero de 2011

Hoy, sonrío.

Es distinta. Más duradera que las otras. Más eficaz. Algo más grande y especial. Simplemente, distinta.

Pero no lo ves. En ese momento, no lo ves.

Y es que hay veces que no nos damos cuenta de las alternativas. Nos fijamos solo en la que nos hará perder todo eso si sigues adelante con ella.
Pero en ese momento no lo ves, no te das cuenta. Insistes en creer que es la mejor opción. Pero no. No es así. Nunca lo fue y nunca lo será.
Y cuando te arrepientes y ya no puedes volver atrás, es entonces cuando admites tu mayor error.
Pero yo vivo de los errores…

…y siempre aprendo de ellos.

Por la marcha involuntaria.


A veces pensamos que decir te quiero es algo tan obvio. Y cuando queremos decirlo ya es demasiado tarde, porque se han ido y ya no volverán. No volverás a verles y entonces te sientes la persona más egoísta y recuerdas todos esos abrazos. Y piensas que ya nada tiene sentido. Todo te da igual. Has perdido. Y no sabes si podrás volver a sonreír. Pero debes hacerlo, por ellos. Y, a pesar de todo ese dolor, a pesar de todo, en ese momento no importa como te sientas tú. Lo único importante es como se sintieron ellos contigo, y si fueron felices. Y entonces recuerdas todos esos momentos en los que han estado a tu lado, te han ayudado y te han protegido, y piensas en todas esas sonrisas. Y es, en ese momento, cuando te paras a pensar en que si sonreían… es porque eran felices… y eso es lo único que importa…



No es cuestión de hacerse el fuerte ni dejar de hacer el indio.

Es difícil. Parece que te falte el suelo bajo los pies. El camino que conocías, las palabras que sabías, los olores y los sabores que hacían que te sintieses protegida... decidir acabar con todo.
Sentir que, de no hacerlo, no irás a ninguna parte y te quedarás allí, fingiendo vivir.


Quema hasta doler.


Aunque duela, al final será mejor. Por lo menos no tendrás ese dolor en el pecho como si te perforara por dentro. Por lo menos no te sentirás así. No habrá vacío. 
Tienes ese sentimiento raro y caliente. Sí, solías sentir esos escalofríos. Conozco el dolor. Ese dolor. 
Mírame. ¿De verdad no lo sabes? Todo por un simple error que no consigo entender. No tiene sentido, lo sé. 
Y le grito a la nada. Dolor, otra vez. 
No hay principio ni final. Cada instante es un peso enorme, insostenible. Estoy en el borde,  tratando de sobrevivir. Caminando por esta estrecha carretera. Tambaleando. 
Sientes cómo todo cae y no puedes hacer nada para remediarlo, tus ojos empapados en lágrimas y tu cabeza enredada en cosas sin importancia, es ahí cuando le tienes que sonreír a todo sin ganas, cuando tienes que hacerte fuerte y hacer aquello que debes en lugar de lo que quieres.




jueves, 3 de febrero de 2011

Silencio.


Si tuviera que ponerle un nombre al tiempo seguramente le llamaría "Olvido" porque su paso es como dejar de ser cuando ha sido tanto y tan fuerte. Porque es difícil dejar de ser, dejar de sentir. Si tuviera que odiar de alguna forma me odiaría a mí misma y a mi memoria. Porque me he equivocado. Quise hacerlo todo bien, quise que todos fueran felices. Y mira que me advirtieron de que siempre uno tiene que sufrir. Ese es el problema de un triángulo. Y yo me creí capaz de cambiarlo.
Pero ya no puedo hacer nada.
Me creí tantos sueños, me pensé más madura, pensé que había aprendido de mis errores. Pero soy especialista en errores. Y caí otra vez.
Yo les quise. A los dos. Y más de lo que se piensan.

-         Lo único bueno que hemos sacado de todo esto es nuestra amistad…

Que piensen lo que quieran. Ya me he cansado. De sus miradas llenas de odio, de dolor y, en el fondo, de amor. Esas palabras que se clavan como cuchillos, intentando hacer daño. Lo han conseguido. Duele. Pero me alegro de que estén bien. Eso es lo único que importa.
Pero le sigo queriendo. A pesar, de que me odia.

-         He venido principalmente porque ella me lo ha pedido…

Cables en la cabeza. Uno, dos, tres. Otra vez. Recuerdos.

-         Nadie te obliga a venir, ni a escucharme.
-         Pero… quiero.

"Olvídame"-por qué no lo dices de una vez-. "Ya no te quiero, olvídame". Sino tendré que hablar con él, es una de mis promesas escritas.
El silencio a veces habla sin palabras ni gruñidos. Y con una mirada se dice todo.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Estoy en ello.


Gritas. Pides ayuda en silencio. Lloras. Porque sabes que esas noches llorando no te las va a quitar nadie.
Simplemente duele. Es un dolor sin sentido. Sin un motivo que merezca la pena, porque en el fondo no merece la pena. Ese dolor. Sí, ese. Que se agarra a tu pecho y lo ahoga, ese que te roba tus noches, tus sueños, todas aquellas ilusiones.
Pero ese dolor tiene su justificación firmada por el médico.
Lo hace para que aprendas, para que madures, para que te equivoques.
Tranquilo, volverás a equivocarte sino la ley de Murphy, ¿para qué está?
Pero, sobretodo, para que te des cuenta de que en el fondo eres más fuerte de lo que crees, mucho más valiente... porque lo eres.

Sé que no es tan fácil, que cuesta mucho y que duele pensar que duele. Duele incluso pensar, sé que incluso te vas a reír de mí pero mira, al menos, te habrás reído, aunque sea de mí :)

martes, 1 de febrero de 2011

Uoh...

Por un segundo, por un minuto, sientes miedo. Pero no. No es el típico miedo que te da escalofríos por la noche cuando eres pequeña mientras estás en tu cama, calentita, con tu osito de peluche al lado, abrazándote, mientras escuchas esos ruidos en algún lugar de tu casa o de tu habitación, en el peor de los casos. No es ese miedo a encontrar un monstruo en el armario o a sacar los pies de las sábanas por miedo a que algo los coja. No es ese miedo que te obliga a asomarte debajo de la cama por miedo a encontrar al coco.

Tampoco es el miedo a no llegar a alcanzar nuestras metas. Porque para cabezota YO. Tampoco es miedo a la soledad. Sí, ese que nos hace esclavos de los demás.
No es miedo a sufrir cualquier tipo de enfermedad, sea cual sea.
Tampoco es miedo a que el dolor nos produzca placer o bien nos suponga una vía de escape a todo lo que ocurre a nuestro alrededor. O miedo a la propia ira, al propio odio...
No. Aunque tampoco es miedo a no poder controlar lo que va a suceder. No, no es miedo a las consecuencias.
Yo diría que más bien es el miedo primigenio: El miedo por el mismo miedo, miedo a tener miedo. Es el miedo en estado puro y quizás uno de los más difíciles de controlar ya que se esconde en lo desconocido y en un no saber por qué se sufre.