miércoles, 5 de octubre de 2011

No importan los días, que pasen las horas. (VI)

5 de Julio.

No sé qué me pasa. Desde hace un tiempo veo a R. distinto. No es él, soy yo. Es mi manera de verle la que ha cambiado. Una tontería que sale de su boca tiene una gran importancia en mi corazón y en mi mente. Son esas palabras que, quizás, simplemente se quedan marcadas en tu alma y no importan a nadie más…
Creo que… sinceramente, me da miedo decirlo. No quiero equivocarme. En el fondo, me da miedo olvidar a C. Sobre todo me da miedo dejar de tener miedo porque, si se va ese miedo, sé que se irá ese amor también con él. Pero últimamente ya ni me acuerdo de que existe. Solo cuando le nombran, o en momentos en los que escucho esa canción. Luego, siempre, está R.  Pero, ¿qué le iba a decir? ``Oye veras, es que te conozco desde hace unos meses. En ellos, solo hemos hablado como personas normales. Hasta el último mes. Y veras, quería decirte que extrañamente despiertas algo en mí. No sé lo que es, pero es algo impresionante. Algo que a lo mejor se me pasa en unas semanas, aunque estoy segura de que no. Algo que se me ha metido aquí dentro y se niega a salir.´´
Se quedaría pilladísimo. A lo mejor hasta saldría corriendo. No me extrañaría. Solo somos amigos. Amigos. “La necesidad de verte reír es lo que me hace dibujar mil sonrisas para ti. Y tú quizás nunca sabrás que soy esclava de tu mirada y me gusta vivir así, con tal de verte reír...” Esa canción tiene nombre, tiene rostro. Solo necesito que sonrías. Tu sonrisa. Solo quiero que seas feliz. Y si para ello tengo que quererte en silencio, lo haré. Pero tengo que admitir que me empiezas a importar. Tengo miedo de quererte y pasarlo mal. No sé, me cuesta eso de estar contigo y no poderte acariciar. Se ha convertido en una necesidad. Eso de darte abrazos sin motivo, de rozar tu mano, de acercarme demasiado a tus labios. Antes no sabía ni que existías. Tampoco me importaba. Y mírame ahora, aquí, vigilando tus pasos…



5 de Agosto.

Fue algo tan grande. Pude notar un cosquilleo que me recorría de los pies a la cabeza, de un lado a otro, hasta rozarme el alma, hasta hacerme sentir bien. Fue más que eso. Era feliz, por mucho que digan que no es posible serlo del todo. Te puedo asegurar que en ese momento sobrepasé el límite de la famosa felicidad. Sus besos. Aquel beso…

<< 19:03 de la tarde. Estábamos en el parque. Todavía no había llegado nadie. Quizás, R. y yo habíamos quedado demasiado pronto. Quizás no había sido casualidad. Quizás.
Mejor así, quería estar a solas con él. Llevo todo el día pensando en él. Quería verle.
Mírale. Esos labios, pequeños, perfectos. Ese pelo enmarañado, despeinado, revuelto. Castaño, medio rubio. Y esos ojos. Grandes. Verdes. Preciosos. Esa piel, dorada. Le quiero. Lo sé, ahora sí. Porque cuando empiezas a sufrir, cuando no resistes besarle cuando estás a su lado, cuando le ves en otras caras… es ahí, en ese extremo de la cuerda, cuando puedes asegurar que estás enamorada.
-          Te quiero.
Me salió solo. No pude reprimirlo. Era lo que sentía. Tampoco hice nada para remediarlo. Le quería. Me miró. Sonrió. Está guapísimo cuando sonríe. Esa sonrisa perfecta. Se acercó, vi sus labios rozando los míos. Estaba a cero coma de mí. Me besó. Le besé.
-          Te quiero…
Me acerqué, se lo susurre. Y le besé. >>

Y otra vez ese número. Cinco. El destino ha querido que el número que tanto daño me ha hecho, que tantas veces he evitado, que tantos recuerdos me ha traído, sea el número que más feliz me hace en estos momentos. Cinco. Ya no duele pronunciarlo. Cinco. Ni escribirlo. Cinco. Incluso, puedo decir que me gusta. Cinco, cinco, cinco. Hoy, el día que vuelvo a ser yo. Hoy, el día de nuestro primer beso. Hoy, es cinco. 

lunes, 3 de octubre de 2011

No importan los días, que pasen las horas (V).

5 de Mayo.

Hoy. Es el día. Hoy. Cinco. Pensaba que sería peor. No siento nada. No quiero sentir nada. En fin, no voy a decir nada más de él. Duele, hoy ha dolido esa herida. Hoy. Cinco. Solías cautivarme pero ahora… Aun así, sigo al fin y al cabo atada a aquellos que fueron mis sueños más placenteros. Aparece tu cara, tu voz… Lo olvidaré, no te preocupes. Te olvidaré. No serás más que un viejo recuerdo. He dejado de lado todo el mal. Por lo menos, lo estoy intentando. Ahora, estoy sin control. Quiero fiesta. Yo quiero vivir. Fiesta. No pensar. Fiesta. Olvidarte. Fiesta. Solo serás un recuerdo. Fiesta. Mi recuerdo. Fiesta. Tú. Fiesta. Fiesta. Fiesta. Ahora, soy yo la que dice Adiós. He tomado mi decisión. Adiós C. Adiós recuerdos. Adiós mi amor.



5 de Junio.

Rui.
Pff. No lo sé. Tampoco lo entiendo. Pero hoy he vuelto a sentir esa sensación. Ya ni la recordaba. Hay algo en mí que…
Encerré ese sentimiento en lo más profundo de mí. Puse el cartel de prohibido pasar, le puse un candado, cerré con llave y después la tiré lejos. Conseguí vencer la tentación. Te lo prometo. Pero ahora esa puerta se ha abierto sola.
-          ¿Por qué? ¿Quién la ha abierto? Tú. R. Tú.
No. No. No. No. No. No… No. Otra vez no, cualquier cosa menos eso. No quiero volver a querer así a alguien ¿Para qué volver a repetir aquel momento? Cada uno ha seguido su camino… ya no le recuerdo. C. Ahora sigo un rastro de miguitas de pan que R. ha puesto en su camino para que no me pierda. Da igual, ya no soy la típica que lo va a ir recogiendo. Ya lo hice una vez y mira como acabé. Pero, en el fondo, sé que esta vez tengo un motivo…


domingo, 2 de octubre de 2011

No importan los días, que pasen las horas. (IV)

5 de Marzo.

Ayer volví a pasar por "el banco" aquel banco... siento adueñarme de él, pero yo lo tomo como "mi banco", "nuestro banco". Qué buenos recuerdos, y que malas sensaciones. Melancolía, pena, aunque, orgullo y satisfacción por otro lado, lo único que me salió en ese momento fue una sonrisa y alguna que otra lágrima, irremediablemente... Y recuerdos en forma de diapositivas en mi cabeza. La memoria, que nos juega malas pasadas. A veces un recuerdo que parecía olvidado nos sorprende y vuelve al ver un objeto... Sí. Un simple objeto, o al escuchar una canción, o un olor concreto... Dicen que tendemos a asociar recuerdos y momentos de nuestras vidas a canciones, a lugares, a situaciones, y estas nos hacen volver a ese momento tal y como lo viviste... Como si estuvieras de nuevo allí. Ese día. A esa hora. Con él... El lugar estaba igual, tal y como lo recordaba...Todavía, si cierro los ojos y me pongo una canción muy concreta, revivo ese momento. Me encanta ponérmela cuando estoy melancólica. Lo sé, puede sonar masoquista. Me hago daño, pero me encanta recordarle. Me parece que es lo mejor que me ha pasado nunca, lo decía y me mantendré siempre. Tengo la suerte de poder decir que no me arrepiento de nada en la vida, quizás de lo que me arrepienta es de no haberme equivocado más veces y seguir aprendiendo en vez de perder oportunidades por miedo, que no nos conduce a nada.
Me apeteció sentarme, y así lo hice. Me quedé cerca de una hora sentada, era aproximadamente la misma hora que hace un año, el mismo frío, la misma sensación de mojado, el mismo olor a comida recién hecha del restaurante de al lado, el mismo sonido del agua cayendo y chocando contra el fondo de la fuente, la misma soledad que hay a esas horas de la tarde, solo que un poco más sola... sin su compañía -Ahg, eso ha dolido.- Me senté del revés, tal y como solíamos hacer. Si miro a mi derecha puedo volver a ver con tanta nitidez la bicicleta vieja y verde apoyada sobre el banco, y a mi izquierda él... ¡Qué pintas llevaba! Me encantaba. Es que sino no sería él. Así tal y como era, me volvía loca, no era normal aquello. -Vaya dos tórtolos ahí sentados haciéndose manos y mirándose con cara de cordero degollado, pidiéndose besos y diciéndose que se quieren…- Solté una risa irónica para mí misma. Quién me diría a mí ese día ahí sentada que un año después estaría aquí de nuevo... pero sin él. -Debería haberle dicho más veces que le quería, debería haber discutido menos, perdíamos tanto el tiempo en ello...- Las rarezas y las ironías estaban a la orden del día, así éramos, "tú y yo", "nosotros", me encantaba decirlo, sonaba tan bien… Esa unión tan grande, uña y carne, dependencia el uno del otro. “Mi novio”, “mi mejor amigo” -Yo no pasaba sin sus besos, él no dormía sin mis te quiero.- Abro los ojos, otra lagrimita que recorre mis mofletes y ya empiezo a ponerme peor. Si la gente pudiera hacerse una idea de cuánto le echo de menos... Creo que es lo más sincero que he dicho en mucho tiempo. -Vuelve a escocer- Llevaba tanto tiempo sin admitirlo. Me siento orgullosa de sentirlo. Es bonito. Me da pena por la gente que no se ha enamorado nunca y se cierran a ello en banda como si les diera miedo. No saben lo que se pierden. Esto lo mueve todo. Sin amor, no quedaría nada, no seríamos nada. ¿Por qué avergonzarme de sentirlo? Que va... Yo no pedía nada, solo a él. Siempre me he conformado con poco. Pero para mí era tanto lo que tenía, iba sobrada, siempre con la cabeza alta y de su mano. Segura y fuerte. Era mi apoyo, mi punto de apoyo más importante, donde se sostenía todo mi equilibrio emocional y por lo tanto mi punto débil, mi talón de Aquiles. -Mi debilidad tiene nombre y apellidos- Y ya pase el tiempo que tenga que pasar, pasen los años que sean necesarios para que no duela. Y ya sólo quede en un recuerdo más que guardar en el archivador de mi vida. Un capítulo cerrado y pasado. Pero en mi memoria, por supuesto, siempre se mantendrá intacto. Aunque desde un principio, ese día hubiese sabido el final, habría vivido de nuevo este año contigo, y seguiría retrocediendo si pudiera. Por inesperado que haya sido el final, y quizás no el que yo me imaginé nunca. Esos momentos, esos meses, semanas, días, horas, minutos y segundos contigo, no nos los quita nadie ni a ti ni a mí...
Me levanté y me fui. Juro que aunque sentía la tentación de mirar hacia atrás, no lo hice. Sólo fue un pequeño descanso de meses evitando su nombre, evitando aquel lugar. El año que viene por estas fechas, me volveré a sentar... Por si se me olvidara, sólo tiene que sonar esa canción, sólo tienen que decir ese número, sólo basta con decir su nombre...



5 de Abril.

Muchas historias diferentes nos ocurren cada día a cada persona, historias que te hacen madurar y aprender de los errores. Cada día aparecen personas que te ayudan a sonreír, que te ayudan a olvidar. Bueno, para mí, una persona. R. No sé qué tiene, porque es igual que los demás, pero ha hecho que algo en mí se despierte… y eso me está haciendo daño.

No importan los días, que pasen las horas (III)

5 de Enero.

Nuevo año, nueva vida. Nuevos recuerdos, nuevas sonrisas. Nuevas miradas, abrazos y caricias. Nuevos amigos. Todo nuevo. Quiero cambiar. Empezar bien el año, sonreír a la vida. Demostrarle que sigo aquí, que pase lo que pase, sigo de pie. Que estoy bien. Bueno, casi bien. Hace unas semanas vino al grupo un muchacho nuevo. Se llama Rui. Es un buen chico. Aunque todo el mundo parece buena persona al principio. No sé, me está ayudando bastante a olvidarte. A veces, se me olvida que aún permaneces dentro de mí. He intentado decirme a mí misma que te has ido pero creo que aún sigues estando conmigo. Me encantaría poder ser capaz de mirarte y decirte que te echo de menos, que te necesito, que realmente te necesito aquí conmigo, que sin ti el invierno es mucho más frío. Me encantaría poder marcharme, esfumarme, desaparecer. ¡Paf! Sin más. Se acabó. Irme allí donde los sentimientos no se los lleve el viento. Allí donde cada beso sepa mejor que el anterior. Allí donde los “te quiero” no se borren. Allí donde me quieras. He pensado en tirarme por el puente y acabar con este dolor que me consume cada noche. He pensado tantas cosas… pero me parece demasiado cobarde acabar con mi vida por ti, solo por ti. Estoy intentando no pensar en ti, olvidarte. Pero mi mente va por un camino, y mi corazón sigue otro muy diferente. Nunca podré unirlos. Solo puedo decir que voy a dejar el pasado atrás, con tus recuerdos. Mírame, soy fuerte, lo sé. Pero se acerca esa fecha, se acerca ese día. Esa noche llegara tan larga, tan fría. Los días dejaran en blanco mi diario, mi calendario. Por favor, no digas adiós. Solo pido un beso más, una sonrisa…
 


5 de Febrero.

Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa por que debe de ser así, para conseguir un propósito, para enseñarnos una lección, para descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar. Y otras veces, se van demasiado rápido…
“No pienses en eso.”
R. me está ayudando muchísimo. Hasta el punto de que se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Nunca he confiado mucho en la gente al poco tiempo, pero, sinceramente, él me ha demostrado muchas más cosas en un mes que otras en años. En fin, así es la vida. La verdad es que es una pieza muy importante en mi vida. Le necesito. A veces, siento que le utilizo para no acordarme de él. Él. Otra vez, piensa en cosas bonitas. Sus besos. No, piensa en buenos momentos. Nuestra primera vez. No, para. Piensa en algo que quieras conseguir. A él. No, no, no, no, no, no. Olvidarle. Eso, olvidarle. –Ahg, escuece- Piensa en R. Sí, R. Es un buen amigo. Tanto, que incluso la gente piensa que me gusta. Ojalá pudiera quererle y olvidarme de… En fin.  Veo relaciones ajenas con sus problemas correspondientes, sus más y sus menos. Y le recuerdo, a él. No quiero más problemas, no quiero más recuerdos. Estoy bien con R. No quiero que piensen cosas raras. No quiero más etiquetas. Cuando me encuentro a gusto con alguien no necesito nada más, y eso me tranquiliza. Luego, no quiero que nadie piense más allá de la conexión. Es así, y es maravilloso siendo así. No pido amor, pues no estoy preparada aún.


sábado, 1 de octubre de 2011

No importan los días, que pasen las horas. (II)

5 de Noviembre.

Nieva. Nieva, y con cada copo que cae, cubriendo esta ciudad, una lágrima araña mi alma, la rasga. Y cuanto más pienso que por fin ya no estás, es cuando más me acuerdo de ti. Te arrepentirás, lo sé. Algún día volverás. Las canciones de amor que no quisiste andan rodando ya por las aceras, las tocan las orquestas de los tristes pa’ que baile Don nadie con Cualquiera. Las lágrimas vuelven a fluir. En fin, voy a calmarme un poco. Respirar. Respirar. Respirar. Ágil, fuerte, débil, lento. Largo, profundo, cortado. Pararse y dejarlo fluir. Saciar los pulmones. Coger aire y mantenerlo. Soltarlo lentamente al son de un bombeo. Disfrutarlo. Básicamente pensar y saber que respiramos para sobrevivir, pero a veces un respiro no es suficiente motivo para sentirse vivo. Sobre todo cuando te han arrebatado tu corazón de cuajo. No logro sentirme viva, no me siento yo. Soy una copia vieja y triste de mí.  Mis pijamas ya no tienen dueño, ya no hay nadie que los sorprenda de noche bajo su ventana, ni viene nadie a las 8 de la mañana a despertarles con un sabroso beso con olor a tostadas recién hechas. Yo he cambiado mi manera de ver las cosas, mi manera de sentir y de expresar mis sentimientos… por ti. ¿Para qué? Fuimos tanto y, ahora, tan solo quedo yo.



5 de Diciembre.


Y me dicen que ha pasado por al lado. Y sonrío y busco su cara. Es tarde, se ha marchado y no le he visto. Cierro los ojos e intento imaginar su cara, ya casi no me sale. Solo me vienen a la cabeza unas cuantas fotos. Me siento triste. Quería verle. Pero bueno, ¿qué estoy diciendo? Es mejor así. Irme olvidando de él. Aunque sea poco a poco. Ese capricho debe acabar de una vez. Empezar por olvidar su cara, seguir por olvidar su segundo y primer apellido. Su nombre. Su cuerpo. Su forma de andar. Y olvidar su sonrisa. Esa sonrisa. Y verle como "ese chico". Que pase a ser "aquel chico" y luego sea "un simple chico". Que no sea nadie. Que ni me acuerde de que existe, de que un día significó algo. Quiero olvidarlo. ¿Quiero? Sólo te pido una cosa. Jamás me recuerdes, porque eso significará que te has olvidado de mí. Y no quiero que jamás suceda eso.

                                  

5 de Enero.

No sé dónde ha quedado el chico del que me enamoré. Hace tanto que no le veo. Sólo queda un cuerpo. Una cara. Unos ojos. Es algo físico. Ya no me dice nada. Tu sonrisa. No es la misma. Tus acciones. Tú. Tus sentimientos. ¿Dónde quedó todo? ¿Dónde quedaron las promesas? Cada uno de los besos. Todas nuestras noches. ¿Dónde? ¿Dónde están? ¿Dónde estás? A veces tengo la necesidad de gritar. Gritar a pulmón abierto. Gritar tu nombre. Dejarme la voz... Y que regreses de nuevo. Tú. El mismo de siempre. Mío. Tuya. Nosotros. Es realmente difícil. Escalofrío. Te miro y no veo nada. No te reconozco. No sé quién eres. Por favor, vuelve. Vuelve. Tú, con tus ideas disparatadas. Tú, con esa risa que te caracterizaba, que te diferenciaba de los demás. Tú, y tus ojos. Pequeños. Miel, y esas pestañas largas. Tú, y tus besos. Tú, y tus abrazos. Tú, y tus te quiero. Tú. Tú. Tú .Tú. Sencillo. Preciso. Exacto. No pido a nadie más. Me aterroriza la idea de seguir sin ti. Sola. El último recuerdo que tengo no es de la persona que ahora veo. Extraño. Desconocido. Indiferente. "Un beso, y te fuiste". Pude darte un beso mejor. Intenso. Fue tan por costumbre. Nunca imaginé que sería el último... Entraste en aquel portal y la persona que salió de allí a la mañana siguiente... No eras tú. No sé qué pasó contigo. Ni sé quién es el que ocupa ahora tu lugar. Te fuiste. Me dejaste seguir sola. Se marchó lo que más he querido. Lo que más quiero. Lo único que necesito. Tú. Y no el que veo por esta ciudad. No sabes hasta qué punto te echo de menos... un día más. Un poco mal, una tarde más. Todos me dicen que te olvide, que es inútil. Y aun así me quiebro en dos. Me romperé otra vez, en otra esquina…
¿Dónde estás? Te sigo queriendo, aunque me haga la fuerte y diga que todo acabó, te sigo queriendo. Y eso me mata. Me hunde. Araña mi alma, la empaña con tus recuerdos. Pero, ¿qué puedo hacer yo? Te juro que he intentado olvidarte, lo he intentado. Y aquí me tienes, pensando en ti. Estoy mal. Son momentos duros. Lloro con disimulo porque siempre hay un sentimiento muerto en un corazón roto.

No importan los días, que pasen las horas.

5 de Octubre.

Cierro la puerta. Mi habitación está a oscuras. Ahora, es lo que necesito. No quiero pensar. Porque sé que si pienso, solo un pensamiento va a ocupar mi cabeza… él. Y en estos momentos, no quiero sentir dolor, solo quiero… sonreír. Aunque aquí, encerrada en mi habitación, a las 01:30 de la noche, es un poco difícil. Siempre termina sacando lo malo de mí. Ayer decía que sí, y ahora me dice que no. ¿Cómo ha podido decir que ya no somos los mismos, que no es feliz? NO, no lo esperaba de él. ¿Qué tengo que hacer? ¿Despedirme de todo lo que solíamos ser? ¿Tengo que olvidarme de todo? Porque no puedo. No puedo, no puedo despedirme de ti sabiendo que seguiré viéndote. No puedo dejarlo atrás. Estoy enganchada a ti, si estoy aquí es por ti. Has entrado en mi corazón y no hay manera de que salgas. ¿Qué es lo que me está pasando? porque si fuera por mí, cogería todos tus recuerdos y los tiraría a la basura. Pero no puedo.  Tantas promesas, tantos besos y te quieros. Tanto ha quedado en… ¿nada? Y hoy, justo hoy es cuando decides acabar con todo. Hoy, 5 de Octubre, hoy. Hoy, ¿por qué hoy? Hace cinco maravillosos meses, hace cinco meses… me dijiste que me querías por primera vez. Me dijiste que querías pasar el resto de tu vida conmigo, a mi lado. 5. Cinco. Cinco. Cinco. Cinco. Ese número. 5. Cinco. Five. Cinque. Öt. Pet. Viis. Bost. Cúig. Hace cinco meses, el día cinco del mes cinco. CINCO. Ahora me doy cuenta de que me dijiste tantas cosas, tantas mentiras.

-          Me voy. Ya no te quiero. Se acabó.
-          Carlos…
-          Adiós.

Adiós. Solo me diste un adiós por explicación. Adiós.  Entonces hablé, entonces lloré, te supliqué. Grité, te insulte, te maldecí. No entiendo como la rabia enciende las palabras, palabras que no son nada pero llegan al alma. Sí, ahí me rebajé a tu nivel. Pero, aun así, espero que algún día te acuerdes de mí. Y vuelvas, porque yo me quedo aquí.



6 de Octubre.

Me da impotencia saber que la historia más bonita tenga aquel final del que estaba prohibido hablar. Sé que tendré que olvidarte, y dejar de pensar en ti, sí. Me da miedo. Me da miedo saber que algo tan bonito se convertirá en palabras del recuerdo... que un todo que vivimos, pasará a ser ceniza de la nada. Me proporcionaste un cúmulo de sentimientos que pensé que nunca sentiría. Creía que tenía el corazón robusto como una piedra y conseguiste ablandármelo como el agua. Entraste en mi vida y me hiciste ver que podía ser una niña, una niña dulce con la que despertar cada mañana. Como aquello que prometimos. Y que nunca dejaré de recordar. Pero prometimos tantas cosas... Pudimos pensar e imaginar un futuro juntos con la imaginación que tiene un niño que piensas que la vida es como la de los cuentos de hadas.
Me acordaré de ti siempre. En cada sitio, en cada lugar, en cada momento. Me acordaré de ti al mirar al cielo o al ver a un niño pequeño llorar. Aún no sé cómo voy a poder vivir sin ti diciéndome cada 5 minutos que te cuente la historia de nuestro primer beso... de nuestra primera vez. Y aquella sonrisa tonta que te salía de oreja a oreja. Fuiste la persona más especial que entraste por mi vida y el último que saliste de ella. Pero, ¿sabes? La vida está hecha para estas cosas. Para disfrutar de ellas y descansar de ellas. Y costará, sí, pero y ¿qué? si tú puedes seguir para adelante yo también podré. Me costaste mi primera lágrima. Y mi primer sentimiento fuerte. Es difícil entrar en mi vida… pero tú lo hiciste con la facilidad tonta que tienes de hacer las cosas. Es fácil salir de ella, pero tú saliste de la manera más difícil que hay de luchar para soltarte de mi interior. Y mañana cuando abra la puerta de mi casa, veré aquel estúpido banco dónde nos sentamos. Y recordaré cuando me agarraste la mano y me miraste a los ojos y me hiciste sentir millones de sentimientos a la vez. Cuando pasábamos las tardes bajo tus sabanas o cuando  me quedaba embobá mirándote dormir. Y cuando vimos la estrella fugaz y me dijiste: “Pide un deseo...” Y sí, pedí estar toda una vida contigo. No podré olvidar nada de lo que hemos vivido, porque aún soy aquella niña ilusionada que soñaba una vida a tu lado. Pero conseguiré acostumbrarme a no tenerte. Porque cuando en el juego del amor ganan los contras… ¡Ey, chaval! ponte duro, ¡que la tormenta está a punto de llegar!
Y sí, te quiero, y que no se te olvide, porque yo no lo haré.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Historia de un Barbo.

Había una vez un barbo que iba nadando por el fondo del mar. Tenía que nadar mucho, muchísimo, para encontrar animales bentónicos, larvas de insectos y algas para comer. El viaje era muy largo. Pero un día se perdió en ese camino tan largo. Y no había comida, solo había peces más grandes que él, a los que no se podía comer. Pero había un pez de colores, que al barbo le llamó mucho la atención, y decidió que no pararía hasta comerselo.
El barbo tenía mucha hambre, pero sabía que no podía hacer nada con los peces grandes y sabía que ellos podrían comerselo a el, asique el pez se escondió en una cueva formada entre las rocas
  -Pobrecito (comentario de Bárbara)
El pequeño pez pasó mucho tiempo solo, y escondido en la oscuridad de una cueva, sin alimentos y con mucha hambre, hasta que un día un Pezglobo pasó por delante.
-¿qué coño estás haciendo ahí metido?- Pregunto el pezglobo desconcertado.- Te vas a perder la Canción de Sebastián.
-¡ y a mi qué coño me importa la canci´n de Sebastián!. Dijo el barbo de mala gana .- si tengo mejores cosas que hacer como pensar en Mourinho y realizar un plan infalible para comerme a ese pez de colores que tan delicioso debe de estar.
-Pues más bien te comerá el a ti. opino el pezglobo. - Pero bueno me quedaré aqui contigo para intentar ayudarte asi lo conseguirás antes.
Y así el pezglobo y el barbo entablaron una gran amistad y durante un tiempo siguieron intentando atrapar al pez de colores sin resultado.
Al poco tiempo, otro pez se asomó a la cueva: un Besugo de apellido Rubio.
-¡Os vais a perder a sebastián cantando Bajo del mar como sigaís aqui! . les dijo.
- Pero no podemos ir. Dijo el pezglobo.
-¿Porque?. pregunto el rubio besugo intrado.
-¡Estamos pensando en mourinho y sus trajes- Respondió rápidamente el barbo.
¡No me lo creo!
El barbo dudó un momento pero finalmente respondió.
-está bien, queremos comernos a ese pez de colorees que ves nadando por allí-. Señaló al pez.
-Es difícil... pero bueno me quedaré aqui y os ayudaré después podremos irnos a la fiesta de sebastian.
¿qué pez de colores?.- Otro barbo algo más grande había aparecido en la cueva de repente y había escuchado toda la conversación.
-Está bien quiero comérmelo...- Dijo el Barbo ya algo cansado de que cada ve más peces llegaran a su cueva.
- Me quedaré con vosotros y os ayúdaré.
Y así los cuatro peces estubieron planeando planes infalibles hasta que un día, apareció un cangrejo frente a su puerta.
-¡Anda ese es Sebastián!-. Gritó el pez globo.
-¡Sebastián sebastián ven aqui!- gritaron todos.
El cangrejo fue hasta ellos a su llamada.
-Hola ¿qué quereís?
- Sebastián has cantado ya tu canción?-. Preguntaron
-No iba ahora a hacerlo, ¿venís conmigo?
-No podemos...- contestó el pezglobo.
-¿Porqué?-
Nigún pez contestó a su respuesta, pero no hizo falta el cangrjo vio como el pequeño barbo hambriento miraba al pez de colores a lo lejos y lo comprendió todo.
¿Tienes hambre verdad?- dijo Sebastián dirigiéndose al barbo.
-eh... un poco.Ven con nosotros de camino al lugar de la fiesta hay muchos peces para comer.
-No gracias,tengo que..
-¿comerte a ese pez de colores antes?
-si.. - dijo timidamente el barbo.
-Creo que tienes una pequeña obsesión con comerte a ese pez de colores- observó Sebastián.
-No.
-Tu sabrás pero si te quedas aqui vas a morirte de hambre-. dijo El cangrejo.
-Pero me gusta el pez de colores-.
-Deberías dejar a un lado ese pez, alimentarte y salir de esta cueva así no vas a ninguna parte, y tengo que irme a cantar mi cancion, os venís o no?
todos los peces asintieron, menos el barbo que dudó unos instantes...
-supongo que no pasa nada por irme un rato de la cueva-. Dijo al fin.
Y todos se fueron a la fiesta de Sebastián después de tanto tiempo en la cueva.
El pequeño Barbo pensó cuando se fue que volvería algún día para terminar lo que empezó, pero no fue así, otro pez más grande se comió al pe de colores, y el comió otros más pequeños que él para no morirse de hambre hasta que finalmente encontró a un pez de colores de su tamaño, y nunca más volvió a pasar hambre ni mirar atrás.

HISTORIA DE UN BARBO POR BÁRBARA Y CARMEN. :D

"Loca"

Noche. Alocada. Extrovertida. Imprudente. Inconsciente. Desmadre. Noche. Luces. Tráfico. Frangelico. Negrita. Coca-Cola. Calimocho. Malibú. Fanta de Naranja. Chupitos. Música. Noche. Chicos. Chicas. Faldas cortas. Pantalones caídos. Camisas blancas. Vestidos ajustados. Viviendo entre tacones altos, botellas de vodka y besos que no se sienten. Besos con lengua, minuciosos, dulces. Besos desconocidos, interminables, locos, atrevidos. Manos desconocidas que tocan culos ajenos que ignoran que llevan unas cuantas copas de más. Historias destinadas al fracaso. Abrazos de amigos que se encuentran ya entrada la noche. Botellas relevantes de secretos inconfesables en la mesa y la barra de una discoteca llena de vasos medio llenos, medio vacíos. Un camarero despistado con algún escote más provocativo de lo que debería. Un muchacho enamorado de una diosa que nunca se fijará en él pero, que aun así, la protege de miradas indeseadas. Y sigue ahí, sigue siendo el bueno, el amigo, el pagafantas, el pañuelo de lágrimas. Sigue escuchando, dejando que todos le arrastren, hundiéndose despacio. Agotando toda ilusión. Chupándole toda su energía. Sin dejarle ni tan siquiera un poquito. Pero él sigue ahí, sigue intentándolo. El problema de perseguir lo que quieres es que no sabes si vas a conseguirlo. Si no lo intentas, no tienes ninguna posibilidad. Pero si lo intentas y no funciona, puedes acabar deseando no haberlo soñado siquiera. Lo peor de conseguir lo que quieres es que no siempre es como te lo imaginas. Él sabe que solo son amigos. Buenos amigos, sí. Pero solo eso. Amigos. Mira como ella coquetea con un contoneo de caderas y curvas interminables con un  desconocido que la invita a una copa, haciéndose el interesante hasta el punto de creérselo. Y ella se gira, indicándole a ese atractivo desconocido que no le interesa para nada cuántos Oscars se llevó la última película más taquillera. Le mira a él, a su buen amigo. Se conocen desde hace varios años. Son buenos amigos. Son más que amigos. Fuera miedos, fuera penas. Fuera timidez. Le abraza. Olvida que hay gente alrededor. Olvida que la música retumba, ensordecedora, mientras se acerca y roza sus labios. Así es la vida, a veces cuando no esperas nada en absoluto, surge algo mucho mejor que nada que te hubieras imaginado.


Sigue sonando la música. Todavía es temprano. Solo son las tres de la mañana. Fiesta. Sonrisas. Miradas furtivas escondidas entre copas y cuatro cervezas. Un beso. Un baño lleno de picardía. Pintalabios rojos. Bolsos de ocasión. Zapatos de aguja. Piernas interminables. Cinturones sueltos. Móviles que suenan. Un Dj acelerado por un “sube la música, quiero despeinarme”.  
Un grupo de amigos. Una de las chicas mira de reojo al que fue y es, hasta el momento, la persona a la que más ha querido. Él baila con una desconocida. Bien pegados. Cuerpo contra cuerpo. Se besan. Rozan sus labios, se funden en ese beso, del que ambos se olvidarán mañana. Él le prometió tantas cosas. Tantos besos, tantas caricias, tantos abrazos. Te quieros imposibles, te amos mentirosos. Y ahora solo queda el recuerdo de un amor del que ya solo quedan migajas.
Ella, ilusa esperanzada, orgullosa ante todo, finge no verle. Pero es inútil no mirar, duele demasiado. Ha hecho de ella una persona desconfiada, más fría, y con cierta tendencia al pánico por volver a sufrir. Ya le da miedo escuchar un te quiero, tiene miedo a creer en esa palabra, miedo a volver a caerse al suelo. Miedo a repetir película, miedo a dar sin recibir. Miedo cuando va andando por la cuerda floja y no puede permitirse el lujo de hacer malabares. Pero ella es más fuerte de lo que piensa, no sabe hasta qué punto es de fuerte. Supera situación tras situación con resignación, aceptación y positividad pues sabe que si no lo hace de esta manera por ella misma, nadie lo hará en su lugar. Nadie se lo pondrá fácil. Por desgracia, el mundo es así. Egoísta y encerrado en sí mismo, buscando únicamente su propio beneficio, y contra esto me temo que no hay nada que hacer. No sabéis lo que es verle, tenerle a escasamente centímetros de tu cuerpo. Mirarlo y pensar: ¿cómo es posible que tanto, haya quedado en... nada? No, no lo sabéis. Creéis  saber cómo te sientes, pero no podéis llegar a entenderlo. No sabéis lo que es tenerle tan cerca y saber que realmente está a la vez tan lejos...
A mi parecer, la distancia en sí es algo relativo; hay personas que están a centímetros tuya, puedes oler hasta el perfume que llevan y podrías decir con exactitud hasta los lunares que tiene en la cara, pero a su misma vez, distan más de ti que de aquí a la mismísima luna...
Eso es justo lo que siente, una distancia inmensa entre él y ella. Y pensar que fue y es la persona más importante que ha marcado su vida hasta ahora... y es de las pocas cosas sobre las que no tiene ni la más mínima duda, con dos narices y con sus 16 años.
Sobrellevar estas situaciones casi diariamente es la peor condena que se le ha podido imponer. Como si perderle no fuese ya suficiente castigo, encima de esto, ¿debe ser testigo de su felicidad sin ella? No es justo, claro que no, la vida no es justa siempre. Pero eso es algo que no debería sorprenderla a estas alturas.
Cada vez piensas que en esta ocasión lo harás bien, que no repetirás los errores o lo que crees que fueron los errores que cometiste la última vez. Pero no es así, claro. No es tan sencillo. Aquella mirada en sus ojos. Aquella conversación en los soportales. Por un momento pensó que... en fin, se equivocó.
Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, la adrenalina en camas separadas, los pijamas sin dueño. Lo malo del después son los despojos, los móviles que insultan con los ojos... Lo atroz es no querer saber quién eres, agua pasada, que dé igual esperarte o que me esperes, que no seas tú entre todas las mujeres. Las maletas que llegan sin tu ropa giran perdidas por los aeropuertos, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Pero, en fin. Mañana será otro día. Cada día una tontería más, cada día un día más de locura, cada día un nuevo día… donde siempre gana el que más se divierte. Por eso, están allí. Allí, ella sola. Allí, él pasando página. Lágrimas guardadas entre amigos, alcohol y unas cuantas gotas de orgullo. Ella, sin ganas, va y se acerca a su mejor amigo. Empiezan a bailar. Ella se refriega y el amigo se deja llevar. Al fin y al cabo, vuelve a estar soltera la chica más guapa de la ciudad. Él se percata. Aún sigue sintiendo algo por ella. Quizás se equivocó. Quizás se precipitó al cortar con ella solo porque tiene miedo a enamorarse. Porque eso es lo que estaba a punto de lograr ella. Que se enamorara. ¿O quizás ya lo haya logrado? Pero, en fin. Está acostumbrado a que lo bueno se le escape de las manos y no aprende la lección. Quizás ella ya le haya olvidado. O quizás no. Quizás tenga otra oportunidad. La última. Es orgulloso sí, pero esta vez eso no le sirve. Esta vez no la perderá. Es suya. En el fondo, nunca ha dejarlo de serlo. Se acerca. Espera a que se termine la canción. Ahora. Ahora es cuando debe atacar. La coge por la cintura, la acerca hasta que sus labios casi se rozan. Bailan. Disfrutan de su picardía. Ella, incrédula, impresionada, sonríe para sí. Quizás todavía quede una esperanza, quizás su orgullo no sea tan malo después de todo. Se miran. Él se acerca a su oído y le susurra con miedo, con arrepentimiento, con esperanza.
-          Te quiero, nunca te he dejado de querer. Lo siento. Quiero arriesgarme, quiero quererte. Quiero que seas mía, solo mía. Enamórame.
Ella sonríe. Le quiere. Es tonta. No, no lo es. Tiene miedo, sí. Pero le quiere. Se acerca a él. Roza sus labios y se separa al momento. Él, con ganas, la acerca. La besa. Se funden, se entienden. Quizás solo sea una intuición, pero se quieren.


Noche, noche dramática.  Frío en aceras mojadas por la lluvia de una tormenta de verano. Nubes que se alejan de ese pequeño paraíso, de ese dulce infierno. Estrellas que aparecen para hacer más amena la noche. Farolas que iluminan esa noche sin dueño.  Noche divertida, borracha, indiferente, distante, silenciosa. ¿Silenciosa? Por lo menos no en esa discoteca. Esta noche no quiero silencio, quiero ser yo. Yo misma. Es noche de fiesta, noche de secretos. Roce cuerpo contra cuerpo. Piel con piel. Desconocidos que influirán en tu vida peligrosamente con efecto positivo de sonrisas estúpidas llegadas a extremos insospechados de amores de verano, lejanos, duraderos. Recuerdos intactos, tragos largos y amargos. Recuerdos que se van durante un par de horas, al menos, trayendo palabras inconfundibles. En definitiva, noche loca.
¿Sabes por qué la llaman loca? Porque disfruta de cada una de las putas locuras que el mundo tiene reservadas para ella. Porque esta noche es mía. Solo mía. Y nadie me la va a quitar. Tengo mil argumentos para morir ahora mismo. Pero, querido desconocido, con este vaso en la mano y tu mano en mi culo, tengo mil y un argumentos para seguir viviendo.
Noche. Noche loca. Loca. Sí, yo también estoy loca. ESTOY LOCA.
Sinceramente me da lo mismo como suene, pero necesito estar así de loca, hacer cosas por instinto, equivocarme todas las veces que haga falta y sufrir las que sean necesarias con tal de vivir tal y como siempre he querido, libre, sin nada que me ate e impida que haga lo que quiera. Cuando creo oportuno no atiendo a razones y soy cabezota, me cierro en banda a todos y no doy mi brazo a torcer, pero sólo cuando quieren cortarme las alas, cuando pretenden aparcarme en un mismo sitio, sin hacer demasiado ruido o movimiento en mi vida por miedo a hacerlo mal o a fracasar en el intento. Pero es que me da lo mismo, creo que debemos vivir ni más ni menos, hacer lo que te pida el cuerpo, lo que te pidan los pies, lo que te pida tu corazón, lo que te pidas tú misma. Hazlo. Sin más, hazlo. ¿Qué quieres fiesta? Toma fiesta. ¿Quiero hacer locuras? Pues hoy tengo ganas de hacer locuras. Rompe las reglas. Perdona rápido. Besa lentamente. Ama verdaderamente. Ríe incontrolablemente. Y nunca te arrepientas de nada que te haya hecho sonreír.
Noche. Noche loca. Noche irrepetible. Mi noche.


Tengo algo claro en la vida y es que no quiero perderme absolutamente nada de lo que tenga oportunidad de vivir, cada experiencia es un aprendizaje. Sí, me he pegado una hostia del quince por llevar esta manera de pensar a la práctica, pero gracias a esta manera de pensar he vivido momentos que no ha vivido nadie. Inigualables, increíbles, irrepetibles. Momentos que por años que pasen seguirán siendo recuerdos que jamás podrán olvidarse. Y que por supuesto, ninguna caída, por muy mal que haya resultado, me va a arrebatar mi sonrisa. Porque es lo único que tendré seguro siempre. Da igual, pues esos momentos, esos segundos, minutos, horas... Eso, eso no nos lo quita nadie, ni a ti ni a mí.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Tienes el poder.


Horas. Horas desnudas. Enterradas en una cama fría, porque tú no estás a mi lado. Pienso y recuerdo con gotas de acero que colman tus besos. Recuerdos, muchos y bonitos. No me conformo con eso, por mi parte, te entrego mi corazón. Pero a estas horas de la noche, 4:03 de la madrugada, es demasiado tarde para llamarte. En mis ojos estoy pidiendo a gritos poder verte, y esta noche estoy soñando con todas las cosas que hemos pasado. Y supongamos que no soy nada sin ti… Ahora mismo podrías hacer conmigo lo que quisieras, sabes que seguiría ahí. Lo sabes tanto tú como yo. Y podrías romperme el corazón, tirarlo al suelo y pisarlo que yo volvería, por muy lejos que estuviese. Hasta que te volvieses a cansar de mí. A veces, me da por pensar que sería mi vida sin ti, que sería de mí si tú ahora desaparecieras por arte de magia. Que sería de mí, sintiendo todavía el sabor de tus besos en mis labios, sintiendo todavía la ilusión en mi interior. Y llego a la conclusión de que me quedaría sentada, viendo pasar la vida, esperando a que llegaras tú, intentando capturar nuestra historia, y llegando a la conclusión de que por muchos años que pasaran tú seguirías siendo la persona por la cual vivo…
Sé que te molesta que me emparanoye, pero quizás lo hago porque tengo miedo. Tener miedo a algo es señal de que ese algo es importante para ti. Y tú no es que seas demasiado importante, es que tú eres lo importante. En todas tus palabras, en tus caricias y miradas…  tú me das lo que nadie me ha dado en mi vida. Y solo al mirar, podemos llegar a entender que jamás nada ni nadie en la vida nos separarán.
Y recuerdo, recuerdo y me adentro en días calurosos, mojados por tormentas de verano. Días inolvidables, días veintiunos. Recuerdo aquel día, tú a mi lado, dejándote llevar. Mientras, nos quedábamos quietos, dejando que la piel cumpliese, poco a poco, todos sus deseos. No había nada que hacer y nos quedamos allí contándonos secretos, diciéndonos bajito que lo nuestro siempre será eterno.
Sé que es lo peor que podía hacer. Ahora, tan tarde, pensando tanto. Tantas cosas. Buenas, otras malas. Lo siento. Te prometí que no me haría daño. Que cuidaría de mí cuando no estuvieras.  Pero no puedo dejar de pensar en ti. Y tantas horas, sola aquí en mi cama, no son buenas.


Te echo de menos, sí. Adiós orgullo, te echo de menos. Mío. Tuya. Nosotros. Nuestro. Joder. Yo, tú, mí, me, contigo. Juntos. Tú y yo. Tú, con tus ideas disparatadas. Tú, con esa risa que te caracteriza, que te diferencia de los demás. Tú, y tus ojos. Grandes. Verdes, y esas pestañas largas. Tú, y tus besos. Tú, y tus abrazos. Tú, y tus te quiero. Tú. Tú. Tú. Tú. Sencillo. Preciso. Exacto. No pido a nadie más. Me aterroriza la idea de seguir sin ti. Sola. Eres la persona a la que más he querido. La que más quiero. Lo único que necesito. Tú. No sabes hasta qué punto te echo de menos… un día más.

viernes, 19 de agosto de 2011

I miss you everyday that i can't hug you.


Echar de menos: notar la ausencia de alguien. Sentir cómo te falta algo. Algo que necesitas para vivir, algo que te hace sentir bien. Bueno, alguien. Alguien que consigue hacerte sonreír incluso cuando no tienes esperanzas. Siempre se ha dicho que la esperanza nunca se pierde pero, ¿y si simplemente nunca ha existido?
Es difícil alejarse de alguien, aún más cuando lo tenemos asumido como una gran parte nuestra. Cuando es una parte necesaria, un elemento imprescindible. Un “sin él no puedo”. Un beso, un abrazo no dado. Notas como un regazo vacío te rodea. Algo que debería estar y no está, y que duele.  Comienzas a pensar y te das cuenta de que eres un agujero negro en estado puro. Eres sentimientos, caricias, susurros, sueños, sonrisas sin un dueño específico, y duele. Sonríes recordando con melancolía el sabor de sus besos. Recuerdas que hace mucho que no los pruebas. Recuerdas esa boca que besa, que sonríe, perfecta e imperfecta, la que muerde. Esos labios. Respiras hondo. Empiezas a suspirar. Te acuerdas de su piel.
No me preguntéis porqué, pero en esos momentos en los que peor estoy, en los que me miro al espejo y solo quiero romperlo, desaparecer, esfumarme ¡Puf! Así, sin más, sin problemas, sin preocupaciones, sin que nadie se acuerde de mí, en esos momentos aparece él. Tiene el maldito don de aparecer cuando más le necesito. No lo entiendo, cómo es posible que cada vez que algo sale mal, cada vez que me tiran al suelo, detrás de cada decepción, una y otra vez, sólo me acuerde de ti. Sí, siempre.
Y te echo de menos. Porque sé que con una sonrisa tú lo solucionarías todo. Porque me quedé yo sola y aún sigo aquí. Porque digo que lo he conseguido, que lo asumí, que soy fuerte y en realidad creo que ni lo he intentado. Me quiero ir...
Irme de aquí. Desaparecer. Pero entonces, otra vez, llegas tú a un callejón. Y yo, llorando, me abrazo a ti. Y entonces me miras y me dices:
-          Dame un motivo por qué hacerlo.
-          ¿Por qué no hacerlo?
-          Porque si te pierdo, si ya no apareces con palomitas en mi puerta por sorpresa, ni me obligas a cerrar los ojos e imaginarnos en alguna parte del mundo perdidos de todos, ni te pones la alarma cinco minutos antes para despertarme con caricias, ni mis sábanas huelen a ti, ni los besos saben tan dulces... me matas. Porque estarás a años luz ya de mí, porque te fuiste, porque me quedo yo solo. Porque la vida te puso frente a mí, ese día, a esa hora, en ese lugar. Y no voy a desaprovechar esa oportunidad. No voy a perderte. Perdona mi debilidad, pero no sé por qué sin ti me es tan difícil vivir…



Echar de menos. Echarle de menos. Duele. Duele no tenerle, no tener sus besos. Duele demasiado aquí sin ti…
Así, tengo mil argumentos para morir ahora mismo, pero sabiendo que el dolor es la confirmación de que él realmente existe, tengo mil y un argumentos para seguir viviendo.