Y empiezas a vivir, a reír y a sentir lo prohibido. Aprendes a empezar, a empezar a ser quien eres, quien tú quieres ser. Lo que has sido siempre. Y es en ese momento, en ese extremo de la cuerda, cuando entiendes que eres feliz.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Te sientes como superman.
Cuando aprendes a ser algo que no eres y te conviertes en una mentira constante... Y dejas de crearte ilusiones, dejas de imaginar tantos finales que ya no saben a nada, dejas de pensar en un "nosotros", en tantos momentos porque no vale la pena seguir manteniéndolos vivos.
Y empiezas a vivir, a reír y a sentir lo prohibido. Aprendes a empezar, a empezar a ser quien eres, quien tú quieres ser. Lo que has sido siempre. Y es en ese momento, en ese extremo de la cuerda, cuando entiendes que eres feliz.
Y empiezas a vivir, a reír y a sentir lo prohibido. Aprendes a empezar, a empezar a ser quien eres, quien tú quieres ser. Lo que has sido siempre. Y es en ese momento, en ese extremo de la cuerda, cuando entiendes que eres feliz.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Jugando al escondite.
¿Creías poder esconderte? ¿Creías poder escapar de la realidad? Te equivocabas. ¿Demasiados errores para ti solita? Siempre lo pensé. Nunca he sido de esas que dicen: "Bah, no tengo ganas" Siempre he dicho que lo que me propongo lo consigo. Esta vez, no iba a ser menos. Te lo dije, querida, te lo dije. ¿Creías qué tras esas cuatro paredes no te verían? ¿Creías que iban a desaparecer tus problemas porque estarías en tu mundo? No, eso son historias ficticias aunque debo reconocer que a mí me encantan. Leeré en tus ojos cada palabra, cada realidad. Te encantaría que eso fuese así, otra vez. Despierta, esto es la vida real. Seguramente, demasiado peso para ti. Pero tú lo dijiste una vez, todos recibimos lo que merecemos.
Invierno trastornado.
No sé qué he venido a hacer aquí. Me he levantado temprano, con el frío que hace, solamente para venir a sentarme a un banco lleno de nieve en un parque que recuerda a esos días de verano. Una ciudad congelada por las lágrimas.
No sé qué hago aquí. Ni siquiera le he llamado. No le he puesto ni un mensaje. Quería estar sola. Y llorar.
Llorar, llorar, llorar y desaparecer por momentos. No pensar en nada, solo dejar que pasen las canciones de mi móvil lentamente, sin importarme si significan algo para mí. Sentir su letra y llorar aún más.
Miro hacia abajo. Veo el reflejo de mi cara en el móvil. Antes me habría quedado mirando esos ojos de plata. Ya no tiene sentido. Ya no quiero sonreír. Quiero hacer caso omiso de mis consejos. Esas lágrimas que salen de mis ojos continuamente son las que me acompañan cada instante, pero yo ya no puedo seguir con esto, todos los días lo mismo. Es como una sensación de tristeza que me acompaña siempre.
Me levanto decidida. Camino un largo rato, sola, sintiendo como las melodías descarriantes retumban en mi cabeza, cegando mi dolor iluso.
Llegó sin quererlo pero muy consciente de mis actos, contando cada paso que doy hasta allí arriba, en el puente de Sant Ángelo.
En ese momento, se escucha en mi móvil esa canción.
“Justo en el momento en que empezaba a encontrar oscuridad hasta en el sol de mi ciudad. Justo en el momento en el que la resignación consumía cada día mi ilusión. Apareces tú y me das la mano y sin mirarme te acercas a mi lado, y despacito me dices susurrando que escuche tu voz. Adelante..."
No me gusta, pero por el simple hecho de que me da esperanzas, de que me recuerda a la gente a la que quiero y que ahora mismo pensarán que estoy dormida en mi casa. Pensarán que me verán esta tarde. Que verán mis ojos, mi sonrisa...
Toco la piedra. La limpio un poco. La nieve cubre toda la ciudad como intentando esconderla del resto del mundo, como intentando que pase desapercibida para los viajeros interesados en conocerla. El viento se lleva el resto de las serpentinas de las fiestas navideñas, mientras el sol lucha por salir entre las nubes para calentar a las pocas almas descarriadas que se han atrevido a salir tan temprano esta fría mañana de navidad. Ya fuera porque los últimos rezagados tenían que comprar los regalos que les faltaban a su árbol de navidad o porque algún niño se había levantado demasiado temprano para el gusto de su aún dormido padre y quería jugar con la nieve que se amontonaba a sus pies. Fuera lo que fuese, allí estaba yo. Ya subida a la barandilla de aquel viejo puente eché un último vistazo atrás. Algunos comercios comenzaban a abrir sus puertas; ancianos sentados en un banco, dándoles de comer a las pocas palomas que se dejaban ver con aquel frío, miraban como sus manos se arrugaban un poco más echándose otro año a sus espaldas; adolescentes que volvían de una larga noche de juerga en el coche de alguno de ellos, desesperado porque sus compañeros no le ensuciara la piel de los asientos con sus babas por culpa de algún escote más provocativo de lo que debería.
Miro hacia adelante. Un tranquilo río asoma desde abajo. Tranquilo y profundo, cuyo final son un conjunto de rocas afiladas, cuchillas malditas para los sin suerte que cayeron en un pasado por algún accidente de tráfico. Todavía se ve en la orilla un ramo de flores marchitas y congeladas por este invierno triste. Vidas arrebatadas, amputadas. Vidas rotas por cuatro o cinco copas de más de algún bar nocturno del otro lado del puente.
Llevo uno de mis pies hasta la fría nada, apunto de apoyarme y caerme en el precipicio. Siento como el viento agita mi pelo arropado por un gorro. Pero una fuerza con la que no contaba me empuja hacia atrás, hacia el duro asfalto sucio y empañado. Me abraza con fuerza, maniatándome con sus besos, como intentando que no consiga ponerme en pie y vuelva a intentar subir a la barandilla. Me mira, está llorando. Sus lágrimas calan en mi abrigo, dejando goteras en mi alma.
Es él.
No digo nada, no soy capaz. Me avergüenzo de mi intento. Se separa de mí un instante para mirarme a los ojos y me dice con voz temblorosa:
-Ni lo pienses, es que ni lo vuelvas a pensar.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Mírame sin miedo, sin censura.
No quiero que la historia más bonita tenga el final del que estaba prohibido hablar. No creo que sea necesario decir por qué, no creo que sea necesario mentir. Tal vez, y solo tal vez, mis lágrimas se sequen cuando vuelvas. Quizás, entonces, me suba a mis tacones, con mi falda más corta, escote supremo. Pero nunca cambiaré tus palabras por besos que no siento y botellas de vodka. Música en el alma, luz multicolor, miradas que engañan al son del alcohol. ¿De verdad, piensas que esa quiero ser yo, qué eso es mejor? Palabras teñidas de un oscuro sabor a ron mezcladas con tus besos, dejando tu calor en mi colchón. ¿De verdad, piensas que perder tus besos es lo que quiero yo? Ganando tus impulsos a una canción con un tango de salón. No quiero cambiar lo que tengo hoy por un chico de pantalones rasgados, sonrisa Colgate, ojos de color marrón, mirada perdida en faldas de burdel mientras me engancha la cintura a su camiseta DC. Y, aquí me quedo yo, rozando tu piel, quemándome el sol. Tus besos con mis besos, debajo del edredón. Y te digo “te quiero”, calmando tu sabor. Te quieros sinceros sin el habitual colocón. Te miro a los ojos. Te quiero decir que contigo soy feliz. Sonríes, me miras. Volvemos a repetir. Me besas, te excitas. Me quiero morir. Suena tu móvil, besos que repartir.
“ Date la vuelta, mírame, ponte más cerca que quiero saber a qué sabe tu piel cuando te despiertas”
jueves, 1 de diciembre de 2011
Segunda planta. Habitación nº16.
No sabes lo que es que al final de ese pasillo solo veas esa habitación. No quieres avanzar pero el peso de tus maletas te impide pararte obstaculizando el paso mientras el peso de tus lágrimas te pide un respiro antes de entrar en esa cárcel de cristal. Reconoces ese olor. Huele a lavanda y a limpio. Huele a falso. Guardas los restos de tu sonrisa en la maleta, de todas formas solo son restos. Sacas la máscara. No es la típica máscara. No es blanca, ni tiene una sonrisa pintada. Es una mentira con cuerdas que se implantan en tu alma. No hay salidas de emergencia, ni sonrisas de repuesto en el almacén. El frío recorre tus venas, impregnándolas de ese miedo con dosis a medida. ¿Conoces esa sensación de no querer salir de tu habitación? Para qué iba a salir. Solo iba a ver un pasillo largo, paredes blancas y bandejas vacías de esperanza. Esa sensación de querer que el aire roce tus mejillas llevándose el dolor de tu cuerpo dolorido. Miras por la ventana, ya es otoño. Me encantan los colores del otoño, la variedad que hay. Verde, rojo, amarillo, marrón. Me gusta el olor a frío. Ese olor a tierra recién mojada; las gotitas de lluvia que caen mojando tus sentimientos enfundados en piel. Pero hoy… Hoy huele a recuerdos y a lágrimas derretidas. Huele a palabras traicioneras y a miradas de reencuentro. El reflejo mojado de unas cuantas miradas aparece incrustado en un par de guantes con la única intención de cerrarse en banda, tras horas y horas de fotos que pasan. Y de tanto esperar, he perdido las ganas de seguir mirando a través de la ventana. El fuego consume las palabras, olvida los días que quejaron marcados en tu piel. Y, al final de todo, páginas en blanco y bufandas a juego con unas cuantas llamadas que esperan buscando sonrisas. Y ahora que no me ves, después de disimular, puedo mentir con tu ilusión desgastada. Tan peligrosas palabras, me refugio en tus labios. Esta noche se pone muy borde si te vas buscando despojos de caras pasadas. Estoy cansada, agotada. Necesito relajarme, ponerme los cascos y sumergirme en mis sueños. Lo más fascinante de todo es que en un abrir y cerrar de ojos puedes pasar de la más absoluta belleza sosegada a una auténtica violencia despiadada. Tus manos no te engañan. Hace calor y no llegas al interruptor. Estás sola, tu habitación a oscuras. Así que, me entretengo dibujando desprecio por las paredes porque en esta habitación nada duele.
Otoño. Sí, me encantan los colores del otoño, la variedad que hay. Verde, rojo, amarillo, marrón…
No es cuestión de hacerse el fuerte.
Puede ser que la vida no sea la fiesta que esperábamos que fuera... pero ya estamos aquí, así que no nos haría ningún daño bailar un poco.
Los recuerdos siempre estarán ahí, queriendo salir a la superficie.
Sientes miedo, estás cansada y sientes frío. Las noches cada vez son más largas y ya no recuerdas lo que es dormir 6 horas seguidas. Te envuelves en palabras de papel y nadie puede comprender con exactitud los hechos. Nadie puede ayudarte en esto. Estás sola, es tu parte del trabajo. Un trabajo que tienes pendiente desde hace mucho tiempo. Tienes miedo. Miedo a ti, a ellos, a las miradas, a esos 72 ojos, al espejo. En definitiva, miedo.
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando puertas, cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. Pero, a veces, el miedo nos arrebata esa independencia sobre nosotros mismos. Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente rebobinando el casete y tratando de entender por qué sucedió tal hecho pero el desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, yo y todos estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No. Los hechos pasan y hay que dejarlos ir. Por eso a veces es tan importante romper fotos, quemar cartas, destruir recuerdos, cambiar de casa, de ciudad. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar esa página, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres. Suelta. El resentimiento, no sirve nada más que para amargarte, acabar contigo.
La vida está para seguir adelante, nunca para atrás. ¡Puedes enfrentarte a todo eso así que hazlo! Tienes que decirte a ti mismo que no, que no vuelva. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí, en ese lugar. Tú ya no eres la misma que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año… por lo tanto, cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, nada es vital para vivir porque cuando viniste a este mundo llegaste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy no eres capaz de dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, te repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero... cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, suelta... Hay muchas palabras para recuperar tu salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. Esa es la vida... aunque los recuerdos siempre estarán ahí, queriendo salir a la superficie.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Besugón.
~. Voy a matar a mou, wiiiii :)
Es la persona más cabezota que conozco, y mira que conozco, incluso me incluyo. Su orgullo y (atento al dato) su HIPOCRESIA, influyen a la hora de cometer fallos, a veces, imperdonables. Pero, todos cometemos errores, ¿no? Claro que hay errores y ERRORES, obviamente. Con esto no intento justificarle ni rebajar el calor que hace en esas habitaciones, esa tensión que fluye en el ambiente al son de los pasos desencadenados de hace ya unas dos semanas. Pero, tenéis que entenderme. Es uno de mis mejores amigos y siempre voy a intentar ayudarle, aunque solo sea para que no cometa los mismos errores que yo cometí en su día. Os aseguro que el peso de algunas de estas cadenas las sigo arrastrando por los pasillos oscuros de Noviembre.
Todos pasamos una o dos noches en el lado oscuro y después nos arrepentimos. Os aseguro que a él le pasa lo mismo. Solo quiero protegerle. Es inmaduro, sí. Pero a nuestra edad, quién no lo es. Es irresponsable, y alguna que otra vez tiene un “qué hostia tienes” ;) En serio, no sabéis lo que es tenerle al lado 8 horas al día mínimo, de Lunes a Domingo, con sus paranoyas, con sus criticas enfundadas algunas de ellas en verdades, con sus remolinos en el pelo y con su “Ains” que me ha copiado. Lo que os aseguro es que es de esas personas que es mejor no tenerle como enemigo porque tiene mucho juego. Además, esas tardes a su lado, esas llamadas llorando, pidiendo ayuda, esas natillas con lacasitos, etc. no se las podré pagar nunca. En resumidas cuentas, que me ha dado por hacerte un blog, querido viejo amigo mundo.
~. Me encanta^^
Lo sé, por eso lo pongo besugón mío, por esas mil aletadas que no son muchas pero en 14 años que te conozco son inmejorables. Gracias por todo pero por T.O.D.O. con mayúsculas. Eres especial, más de lo que muchos creen.
~. Bar, tú de mayor estatua.
Te quiere, tu mejoramiga, bar :)
Es la persona más cabezota que conozco, y mira que conozco, incluso me incluyo. Su orgullo y (atento al dato) su HIPOCRESIA, influyen a la hora de cometer fallos, a veces, imperdonables. Pero, todos cometemos errores, ¿no? Claro que hay errores y ERRORES, obviamente. Con esto no intento justificarle ni rebajar el calor que hace en esas habitaciones, esa tensión que fluye en el ambiente al son de los pasos desencadenados de hace ya unas dos semanas. Pero, tenéis que entenderme. Es uno de mis mejores amigos y siempre voy a intentar ayudarle, aunque solo sea para que no cometa los mismos errores que yo cometí en su día. Os aseguro que el peso de algunas de estas cadenas las sigo arrastrando por los pasillos oscuros de Noviembre.
Todos pasamos una o dos noches en el lado oscuro y después nos arrepentimos. Os aseguro que a él le pasa lo mismo. Solo quiero protegerle. Es inmaduro, sí. Pero a nuestra edad, quién no lo es. Es irresponsable, y alguna que otra vez tiene un “qué hostia tienes” ;) En serio, no sabéis lo que es tenerle al lado 8 horas al día mínimo, de Lunes a Domingo, con sus paranoyas, con sus criticas enfundadas algunas de ellas en verdades, con sus remolinos en el pelo y con su “Ains” que me ha copiado. Lo que os aseguro es que es de esas personas que es mejor no tenerle como enemigo porque tiene mucho juego. Además, esas tardes a su lado, esas llamadas llorando, pidiendo ayuda, esas natillas con lacasitos, etc. no se las podré pagar nunca. En resumidas cuentas, que me ha dado por hacerte un blog, querido viejo amigo mundo.
~. Me encanta^^
Lo sé, por eso lo pongo besugón mío, por esas mil aletadas que no son muchas pero en 14 años que te conozco son inmejorables. Gracias por todo pero por T.O.D.O. con mayúsculas. Eres especial, más de lo que muchos creen.
~. Bar, tú de mayor estatua.
Te quiere, tu mejoramiga, bar :)
Pues, yo a ti, ni agua.
Quiero que sepas que ya me esperaba que esto ocurriera y que no pasa nada, sólo me das la razón. He estado aprendiendo de cada momento que he pasado contigo y pienso aplicar contra ti tus propias tácticas sucias de derribo, que también he sacado algo bueno de todo este enredo.
Y quiero que sepas que espero que acabes colgado de un pino, cuando veas lo gilipollas que has sido, cuando veas que lo has hecho todo fatal.
N.
Todo ocurre por alguna razón.
Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así, para alcanzar un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar. Tú no sabes quienes son exactamente estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellos sabes y comprendes que ellos afectarán en tu vida de una manera profunda.
Algunas veces te pasan cosas horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que sino hubieras superado estas cosas nunca hubieras descubierto tu fuerza, o lo valiente que puedes llegar a ser. Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte. Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de tonterías. Todo ocurre para probar tus límites. Porque sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién emparentada, suave, recta y aburrida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







