Descubrió que todo había cambiado. Ni la lluvia mojaba ya su paragüas ni el sol secaba su cabello. Pensó que se había disfrazado. Pero el Carnaval estaba muy lejos.
Ya no recogía el correo, ni observaba la caída del sol junto a su guitarra. No, la había tenido que vender para pagar el alquiler.
¿De quién fue la culpa? No sé, del alcohol quizás. Lo único de lo que siempre estuve segura era de que echaba de menos aquellas canciones que solías inventarte en un par de papeles mal colocados.
Pero eso quedó muy atrás. Muy, muy atrás.
lunes, 20 de agosto de 2012
lunes, 13 de agosto de 2012
Ácido para los recuerdos.
Silencio. Silencio. Retrocede un poco más, hasta aquel
rincón dulce y frío a la vez. Siéntelo. Busca el silencio. Refúgiate, que tus
lágrimas se muestren sinceras y tus palabras cortantes. Arriba, disfruta que
vuelve lo bueno. Sal, sonríele al camarero que te sirvió la copa justo a la
temperatura en la cual desbordas tú “yo” más provocador.
Pero… busca ese silencio. El que te dejó sin habla.
Sin censuras, búscalo. Porque dónde se encuentran los
sueños, el enrevesamiento del empapelado es provocado por el silencio. Fugaz y
encerrado como los sueños; o en estado gaseoso. Da igual cómo, da igual cuándo.
Solo somos una burbuja que sube y baja al antojo de su
titiritero, ausente caballero que busca desesperado el silencio.
Mi corazón late, pero por dentro me estoy congelando.
Respiro, escucho pero no surte efecto. Mis manos tiemblan, he perdido todos mis
sentimientos. Sentimientos caducados.
Y no hay vuelta atrás esta vez. Intentamos no
estrellarnos, pero aún nos chocamos. No sé a dónde voy, ni si mis pasos me
guiarán pero debo confiar. ¿Confiar? No, quizás solo sea un sueño, un
espejismo. Tal vez, un reflejo.
He perdido todas las direcciones, y los mapas están
rotos. ¿A dónde debo ir? Quién sabe.
Voy a tomar cualquier camino que me lleve a donde debo
ir. Da igual cuál sea. Difícil, oscuro, enredado. No importa, porque lo único
importante son esos sentimientos caducados.
viernes, 3 de agosto de 2012
ochenta y nueve.
En aquel lugar, a cinco canciones desde mi casa, esos aires de superioridad aumentan alcanzando niveles más allá del infinito de sus ojos. Todo era muy fácil, hasta hoy. Hasta
hoy. No quieres convertirte en lo que son
ellos pero... quizás ya lo seas. Analizando
sinceramente la situación y, pensando
con los pies fríos, lo has sido siempre.
Naturalidad.
jueves, 19 de julio de 2012
Piénsalo, las ovejas negras son más interesantes.
Si vives cada día como si
fuera el último, es muy probable que algún día tengas razón. Todas las mañanas me
miro al espejo y me pregunto: “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría
hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?”. Y cada día que me lo he preguntado, mi
reflejo ha reclamado a la chica que aún se esconde en mi interior. Me he dado
cuenta que pasan los días y no hago lo que realmente me hace feliz. Sigo un
papel, una rutina, unas reglas y, continuamente, condiciono mi vida en función
de "los demás" sin pensar qué quiero hacer yo, qué necesito, qué me
pide el cuerpo, qué me dice el corazón que debo hacer...
He llegado a la conclusión de
que no pienso en mí, estoy siendo injusta conmigo misma, y nunca me doy cuenta.
No era consciente de que mi vida llegó a ser un "guión" preparado y
rígido sin salirme de los límites y, ahora sé, que a veces es necesario darte
una oportunidad, un respiro... Desde entonces he sabido que necesito cambiar
algo.
Casi todo, la verdad, todas las
expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al
fracaso, todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente
aquello que es realmente importante... Quién no teme a la muerte es porque en
su vida no hay nada que merezca realmente la pena guardar.
Procuro aprovechar mi tiempo
lo más intensamente posible, pues nunca sabremos dónde estaremos mañana. Piénsalo,
ahora mismo miles de personas pueden estar naciendo; otras tantas, cansadas por
el peso de los años, caen en su batalla. Miles de cumpleaños se estarán
celebrando ahora; y también miles de aniversarios, ya sean de boda o por un ser
querido que permanece en nuestros
recuerdos. Algunos jóvenes estarán regocijándose en su amor, envueltos en
sábanas que rozan la perfección; y otros estarán bailando en una discoteca
hasta que salga el sol. Y no somos conscientes, no apartamos la vista de
“nuestro” mundo, que no va más allá de cinco paredes. Miles de personas estarán
sonriendo, llorando, observando, enamorándose, disfrutando… viviendo en este
mismo momento. De todas las razas y todos los lugares que puedas pensar: Roma,
París, Madrid, Udine, Nueva Delhi, México, Sídney, Estambul, El Cairo,
Madagascar, Tokio, Nueva York. Y mientras todo esto ocurre tú sigues sin hacer
nada, impidiéndote vivir, ya que tenemos la mala costumbre de perder el tiempo
en cosas insignificantes, en "problemas" que realmente no lo son, y
se nos van los años, se nos van los días, se nos van las horas, vuelan los
segundos... Se nos va nuestra vida, sin vivir ni la mitad de lo que nos
ofrece... Sentados en la parada, esperando no sabemos bien a qué, pudiendo
levantarte y andar...
Cuántas cosas me he perdido
por miedo, por comodidad. La desidia no lleva a ninguna parte. No puedo dejar escapar
ni un segundo más... ¡Acción!sábado, 30 de junio de 2012
Que no todo son malos momentos.
Sonríe porque, aunque no lo creas, un día despiertas y
todo se llena de colores vivos que se cuelan por los rincones de tu habitación
cambiando ese blanco desfasado por sonrisas dibujadas en la pared. Que los días
nunca amanecen para todos a la misma hora, y lo que yo veo blanco no siempre es
así para el que lo ve negro. Pero nadie dijo que fuera fácil. En realidad,
nadie te dijo nada. No te avisaron con 15 días de antelación ni colgaron un
cartel de advertencia. No, llegó así… de golpe, sin avisar. Y de
repente ¡PAM! Tropiezas con la realidad…
Pasa el tiempo, y se te hace eterno. Las manecillas del
reloj se niegan a avanzar y tú solo no puedes hacerlas correr. Intentas no
mirar, intentas pensar en otra cosa para ver si, por casualidad, corren
accediendo así a tus deseos. Pero las estrellas fugaces hoy no recorren el
cielo, haciéndolo brillar.
Pero, ¿por qué te rindes y haces que lo malo pueda
contigo? Los humanos tenemos una mala costumbre. Siempre tendemos a mirar hacia
otro lado cuando algo no nos gusta. Pero eso ya no es una opción. No, ya no. No
es cuestión de hacerse el fuerte. Simplemente tienes que seguir, por muy duro
que sea. Parece que el diablo quisiera divertirse un rato con nosotros. Nos coloca losas sobre la cabeza imposibles de levantar, de sostener tu solo. Pero nadie dijo que estuvieras solo…
Aunque nadie puede negar que llega un momento en el que estás pensando en tu vida y prefieres no pensar.
Solías repetirles: “No sabes lo que daría porque mis
únicos problemas fueran como los tuyos.” Pero no comprenden. Lo intentan, lo
sé. De hecho, piensan que no pueden ayudarte, que todo lo que hacen es en vano
y no adivinan que tú ya se lo estás agradeciendo desde lo más profundo de tu
“yo” interno.
Y al final otra vez es Setiembre, otra vez verano y pico.
Otra vez, el agua roza tu piel refrescando cada partícula que todavía afronta
el charco amargo del invierno. Nunca podrás olvidarlo, a pesar de los intentos.
Pero… tampoco estoy segura de querer olvidarlo. Ha sido un año distinto, con
sus bajones e instintos homicidas, con sus sonrisas y sus tardes eternas. Un
año “especial”. Sí, un
tanto especial. Pero hay cosas qué no podemos explicar con simples palabras,
sensaciones como volver a abrazar a un amigo… Tienes esa sensación de calor y alegría. Sí, esos escalofríos que solías tener. Esas contracciones en el corazón unidos a los impulsos de llorar.
-
Y si… y si otra vez…
Nunca conseguirás expresarlo. Solo un vacunado contra el
miedo podrá describirlo, podrá llegar a hacerte rozar sus recuerdos
adentrándote en su corazón, en su oscuro rincón. Aquel que nadie podrá borrar,
ni tachar. Pero puedo afirmar que no cambiaría nada, ni un solo minuto. Es
cierto que es una bajada al infierno sin retroceso en tiempo record para que a
los… ¿siete meses? ¿doce, tal vez?... para que con el tiempo puedas regresar. Pero
nadie te asegura tu billete al exterior, es un recorrido lleno de incertidumbre
que no sabes apagar ni con la canción que acompaña tu historia. Todos los
momentos de mi vida han tenido una banda sonora incorporada, ¿por qué no este?
Pero, reitero, nunca cambiaría nada de todo esto porque en ese trayecto
tormentoso, tembloroso y lleno de preguntas que circulan generando un tráfico
que en ocasiones no te deja avanzar, encuentras la luz, eres tocado por una
estrella que se digna a bajar para abrirte los ojos y decirte “Hey, calma, que
no todo son malos momentos”.
miércoles, 20 de junio de 2012
Que no se rompan las cuerdas del reloj.
Un día llegó y no supe qué hacer. Fue como una luz, se paró el tiempo, se detuvo. Quería detenerlo con las
manos. Que no corrieran las agujas, haciendo que los minutos fueran horas; y
las horas, días. Pararlo, que no se rompan las cuerdas del reloj, manteniendo cada partícula en
su lugar. No llegué a comprender por qué
volvió pero lo hizo. Y volvieron los cables en la cabeza. Entonces, echó la
cabeza hacia atrás y recordó sus palabras tan dulces, tan fáciles de grabar con
aquella sonrisa instalada en su mente.
miércoles, 13 de junio de 2012
Y mientras haya una posibilidad, una mínima posibilidad, vale la pena intentarlo.
- Porque hay que luchar hasta el final.
domingo, 10 de junio de 2012
Una carta de suicidio al contador.
Nunca supiste por qué cambiaba continuamente de fondo de blogspot, ni siquiera preguntaste. Supongo que era porque no leías mis cartas, todas para ti. Tampoco supiste porque me empecé a pintar las uñas y los labios de rojo. Ni por qué dejé un rastro de arena en la puerta. Pero supongo que era demasiado bonito para despertar...
sábado, 9 de junio de 2012
Llévame al baile.
Y el ipod derrapa en “Pick me up”. Dicen que hay
canciones que marcan tu existencia, que dejan recuerdos imborrables en la
mente. Las que te hacen sonreír por viejos tiempos o incluso las que tienes que
llegar a borrar del Ipod por experiencias pasadas que no deseas volver a recordar.
Quizás era orgullo, prejuicio, recuerdos, amistad o la voz que le decía que era
una de las mejores canciones que había escuchado nunca. Ella ha llegado al
final del destino. Y saltan ellos, pantalones y trajes Ralph Lauren. Nosotras,
princesas atrevidas, rogamos discretamente un “Llévame al baile”. Viernes.
21:30. Llevábamos horas arreglándonos. Pero daba igual, el viento estropearía
igualmente nuestros peinados. Bajamos las escaleras. Vestidos cortos, negros,
rojos, azules. Tacones altos, a ras de las nubes. Collares ensordecedores y
susurros al oído. Fui la última en bajar. En el sofá, besos y caricias. Unas
cuantas en la mesa cotilleando sobre dónde se habían comprado el vestido y
otros tantos bebiendo unas cuantas cervezas en la cocina. Pero él… él me
esperaba en las escaleras. Me sonrió y examinó cada milímetro de mi piel. Me
encontré con sus ojos verdes. Me situé a su altura. Incluso con tacones sigo
siendo más baja que él; también es verdad que soy la que lleva los tacones más
bajos. Cogiendo altura, dejando señales. Le beso. Coloca su mano en mi cuello y
sonríe con un “te quiero”. Me acerca a su cintura y me besa sin dejar de
acariciarme el cuello. Es la ventaja de los recogidos.
Salimos a la calle. Ellos delante, nosotras detrás. Los
tacones pesan mucho un 8 de Junio. Y
hace ya mucho tiempo que vamos ensayando. Ojos que no ven más allá de unas
cuantas piernas. Piropos de un alcohólico y, sin saber por qué, le echas de
menos. Sin razón lógica, médica o científica. Se arrastra hacia atrás y tú te
dejas seducir. Está guapísimo con camisa. Si aún dices venga, yo digo vale.
Llegamos al baile. Vestidos diferentes, cortos,
preciosos. Azules, rojos y negros. Camisas que destacan y corbatas sueltas en
un baño. Besos en una esquina y bebidas que se enfrían con las miradas.
Alcohol, música al ritmo de los espejos que reflejan pintalabios rojos apunto
de desembarcar. Y en la pista empiezo a
saludar a la gente. Siento su mirada en mi nuca, una sensación que recorre toda
mi espalda. Me giro, allí está él. Con esa mirada. Esa que no se puede
explicar, con cierto toque de picardía e inocencia, con besos como fondo de
escenario, calmado, con ganas de que la noche no acabe. Esa mirada. No sé
explicarla. Tiene 600 miradas. Cada una distinta, cada una para un momento
determinado. Inconfundibles, perdidas, emocionantes, irresistibles. Y eso, son
solo sus miradas.
Me tiende la mano. La música se relaja y las palabras
desbordan en unos cuantos sueños a medias. Bailamos. Agarrados, pegados.
Mirándonos los labios. Queriendo probarlos, rozarlos. Sí, solo rozarlos.
Buscando un indicio de supervivencia entre la multitud. Solo somos tú y yo.
Al rato, el ritmo sube el ambiente y mezcla las ganas de
pasárnoslo bien. La verdad, esto no era como me lo esperaba. Imaginaba otros
besos, otros momentos, otras canciones. Puede ser que la vida no sea la fiesta
que esperábamos que fuera… pero ya estamos aquí, así que no nos haría ningún
daño bailar un poco. Nos lanzamos a la pista. Chicas desmelenadas y parejas
resultantes. El volumen sube y las ganas de despertarnos salen a la luz de las
farolas del patio. Sombras que demuestran historias imposibles, cada una con sus
pequeñas vidas. Todas se mueven en el suelo, rozándolo con la punta de los
tacones.
La noche termina y da paso a un cielo rosado. Es hora de
irse a casa. Su mano no me suelta, me protege de resacas y del humo de los
cigarrillos mal apagados. Pero su sonrisa no se pierde, sigue con esa mirada. Y
el hielo seduce nuestras almas. Subimos, aún no hemos terminado. Y entre
sábanas, entre pequeños infartos, solo somos… tú y yo.
sábado, 2 de junio de 2012
Tengo todos los síntomas de una chica con el corazón roto.
Recuerda las noches, sola, en tu habitación
cuando eras pequeña, comida por la oscuridad que acechaba en cada rinconcito y
esa inquietud hasta que caías en un profundo sueño. Entonces siempre
encontrabas a tu lado un peluche que te arropaba, que nunca te dejaba sola y te
protegía bajo las sábanas. Un peluche que estuvo allí cuando derramaste tu
primera lágrima y cuando sonreías a la luna. Estuvo allí hasta… Bueno, hasta
que te hiciste mayor.
Hoy, estás sola. No hay nadie al tu lado en
la cama que te arrope ni te proteja de los peligros de la noche. No estará ahí
para contarte cuentos con finales felices en los que el ideal caballeresco
predomine en su forma.
No. Hoy, estás sola. Ese peluche ya no está ahí. Y no va a volver… Al igual que tus sentimientos.
No. Hoy, estás sola. Ese peluche ya no está ahí. Y no va a volver… Al igual que tus sentimientos.
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