He encontrado mil pecados descorchados entre el polvo de la pared y, aún así, me he atrevido a mirar a través del espejo. Dejando de lado todos los porqués y las dudas. Como si hubieran desaparecido de golpe entre mis manos, tibias y suaves.
Y, tú, ser imperfecto, te has arraigado a mi cuerpo como una segunda piel de la que no puedo desprenderme.
Tu olor sigue en mi pecho.
Tu mirada, en mi mente.
B.
domingo, 15 de abril de 2018
Sin querer queriendo.
Me has roto en mil pedazos
sin querer o, quizás,
queriendo.
Me has hundido en tus mentiras
y te has divertido con ello.
Me has empujado,
me has atado
y retorcido
hasta matar todos mis últimos alientos.
sin querer o, quizás,
queriendo.
Me has hundido en tus mentiras
y te has divertido con ello.
Me has empujado,
me has atado
y retorcido
hasta matar todos mis últimos alientos.
Pero me has dejado vivo tu recuerdo...
B.
Cuando los recuerdos esconden las sonrisas que necesitamos.
Cuando las calles te sepan a las cicatrices que dejamos fuera
y las de aquí dentro te empiecen a arder;
cuando los silencios no te miren ni apaguen las luces antes de irte a dormir
y la verdad se deje de hacer;
cuando los inviernos remuevan los versos que algún día quise escribirte
y no fue así,
ella estará aquí.
Aquí.
y las de aquí dentro te empiecen a arder;
cuando los silencios no te miren ni apaguen las luces antes de irte a dormir
y la verdad se deje de hacer;
cuando los inviernos remuevan los versos que algún día quise escribirte
y no fue así,
ella estará aquí.
Aquí.
B.
En sentimiento y alma.
Me gusta cuando tiemblas
y te desnudas en sentimiento
y alma.
Me gusta cuando lloras
y desbordas las verdades
nunca antes dichas.
Me gusta cuando sufres
y asumes la valentía
de no volver a hacerlo.
Me gusta cuando gritas en silencio
a una ventana cerrada
aunque no logres abrirla.
Me gusta tu ira; me gusta tu enfado.
Me gusta tu oscuridad
que me absorbe y envenena.
y te desnudas en sentimiento
y alma.
Me gusta cuando lloras
y desbordas las verdades
nunca antes dichas.
Me gusta cuando sufres
y asumes la valentía
de no volver a hacerlo.
Me gusta cuando gritas en silencio
a una ventana cerrada
aunque no logres abrirla.
Me gusta tu ira; me gusta tu enfado.
Me gusta tu oscuridad
que me absorbe y envenena.
B.
lunes, 20 de noviembre de 2017
El Silencio.
Hay muchos tipos de silencios.
Hay silencios que te invaden y
te llenan de un extraño y reconfortante calor.
Hay silencios que te arrebatan
palabras, que enmudecen tu alma.
Hay silencios que paran el
tiempo, que nos dan un momento, que nos dejan respirar…
Hay silencios musicales que
danzan en nuestras cabezas y nos obligan a cambiar.
Hay silencios inconfesables y
otros que se confiesan alguna noche del mes de Abril.
Hay silencios que gritan, que
estallan, que explotan al silenciar.
Y hay silencios que callan,
ausentes totales que obligan a callar.
También hay silencios que
hablan por sí solos, que desbordan palabras por los ojos. Miradas que se
expresan solas, miradas que te dejan marca.
Y hay silencios que dan miedo.
Que aterran, que alarman.
Silencios que asustan, que
matan lentamente y que no se pueden olvidar…Aterrada... y valiente.
Y de miedos inundé mis huellas
para poder dejarlos atrás con cada paso.
Firme y, a veces, valerosa,
arranqué de aquellos ojos el brillo marchito por los años que aún nos quedan y
sonreí al destino, pues sus juegos ya no me asustan. Más bien, me son
indiferentes.
Así que miré a los ojos del
miedo (oscuros, vacíos por dentro) y conseguí gritarle, al fin, aterrada y valiente, que se fuera.
Cuentan que las agujas del reloj se paran al oír tu voz.
Este
año pido más tiempo.
Tiempo de ese que no sobra, que se desvanece con los
besos.
Tiempo del que enamora; tiempo para recaudar buenos momentos.
Tiempo que
se escapa, tiempo que se esfuma.
Tiempo que no se deja atrapar; tiempo que se
hace de rogar.
Tiempo,
bendito tiempo.
De
ese que no se acumula, que no se deja poseer. Rebelde sin causa, feliz y
travieso.
Quizás
por eso vale tanto, quizás por eso merece la pena.
Porque cuesta retenerlo; porque
cuesta atraparlo, conservarlo.
Tendremos
que empezar a valorarlo.
Dicen
que llega como la espuma de mar y se aleja, libre, sin cadenas, sin miedos.
Tiempo.
Tiempo
de ese que no vuelve.
Tiempo
que cuenta historias, que las atrapa entre sus alas para volar lejos.
Tiempo
de ese que anhelan las agujas del reloj, esas que se paran al oír tu voz.
Bendito
tiempo
que se aleja
con un beso.
domingo, 19 de noviembre de 2017
El cielo llora.
Y el cielo llueve, triste, al
verla marchar. Derrama sus lágrimas borrando las huellas que a su paso dejan
los recuerdos que creamos juntas.
El cielo llueve, llora al
saber que deja tantos besos atrás. Llora al ver tantas lágrimas caer por su
ausencia. Llora el cielo porque su luz se apagó.
El cielo llueve, llueve en
nosotros. Sabe que se ha ido, sabe que no volverá. Sabe lo que duele y lo que
dolerá. Sabe lo que siento, lo que sentimos y llora. Nos acompaña en nuestro
dolor, se une a nuestras lágrimas y brinda por ella. Por su locura imperfecta.
El cielo llora. Llora de
alegría por habernos arrebatado tan bello corazón.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Me hiciste despegar con las alas rotas.
No fueron muchos los intentos
desesperados de huir de aquella cárcel de cristal.
Simplemente, era mi camino.
Como otro cualquiera.
Y, como un guía en mi sendero,
un resplandor cercano, busco una locura que reemplace el dolor que un día fue
mi hogar.
Siento decir que no es sencillo
asumir un despertar lejano pero entre tus brazos las lágrimas tienden a perder
altura. Hacer sentir que todo va a salir bien era una de tus especialidades.
Aunque las lágrimas te fueran a buscar, a las tantas, a una cama llena de
miedos, despejada de virtudes. Y fue en tu fuerza, en esa valentía sincera,
donde me refugié en las noches de tormenta.
Como el guerrero que vigila su
destino, nunca abandonaste tu camino y sé bien el sacrificio que supone estar
despierto en aguas profundas. Pero aquí estamos. Reencontrando esas sonrisas
que se hicieron nuestras. Y le debo tanto a esas miradas que decían lo que tu
voz se negaba a aceptar…
Nadie dijo que fuera fácil describir
ese grito que desgarra mi garganta pero me hiciste despegar con las alas rotas
y, créeme, ni los ángeles se atreven.
Al fin y al cabo, nunca supe
agradecer con palabras lo que en mi fuero interno llevo.
A mi madre.
martes, 30 de agosto de 2016
Y que se rompan si se atreven.
Susurro con delicadeza para no
desperdiciar instantes que se mezclan en esta bola de cristal.
Dejo caer los miedos y que se
rompan si se atreven, que yo me encargo de esta noche.
Reencontrando sueños que
dejamos perdidos en un cajón he mirado a tus miedos a los ojos y he gritado tu
nombre hasta sangrar en mi piel.
Marcada, a fuego lento, se ha
grabado el recuerdo de tantas noches que me dejé caer a los pies de una locura
llamada “vida”.
Y siguiendo los pasos de esta
lucha, perdí muchos pensamientos por el camino que hoy vuelven a encontrarme en
esta encrucijada.
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