Una metáfora que cae por su propio peso.
Una mentira que puede ser verdad.
Una mañana perdida
y aquí lo empezamos a notar.
Quiero dormirme en tu mirada,
segura del qué dirán,
bajo unas nubes que despejan
la enfurecida serenidad.
Hemos perdido la locura
entre los acordes de aquella estación.
Hemos tocado fondo
para reinvertir la situación.
lunes, 28 de enero de 2019
jueves, 17 de enero de 2019
Cruces, heridas, canción.
Los chupitos devoran tus labios, que temen desvelar remordimientos antes de irse a acostar. De sol a sol, de luna a luna, nadie te impide trasnochar.
Esta noche lleva labios rojos y travesura desmedida. Se ha quedado mirando tus pestañas. Se ha perdido en tus pupilas.
Esta noche quiere marcha, quiere desgarrar la herida.
Conmigo.
Mis maletas se han acostumbrado
a los trayectos cortos
porque tengo el corazón en números rojos
y cenizas entre los recovecos.
Que ya no me queda tiempo
para robar
las estrellas de Madrid.
a los trayectos cortos
porque tengo el corazón en números rojos
y cenizas entre los recovecos.
Son las once y media de la noche
y te presentas en mi puerta
con aquel libro
y una sonrisa de otro planeta.
Que ya no me queda tiempo
para robar
las estrellas de Madrid.
Que a veces necesito parar
y rescatar
mi yo más profundo...
Thank you for the good times.
No puedo prometerte que las cosas serán fáciles. En verdad, nunca lo serán. Te lo pondrán difícil; te intentarán derribar; y, cuando estés a punto de alcanzar la cima, te empujarán al vacío y tendrás que volver a empezar. Lo único que puedo asegurarte es este momento. Ese abrazo fuerte que lo dice todo sin palabras. Esa llamada. Esa mirada que lo entiende todo. Ese apretón de manos. Esa sonrisa Y el sonido de nuestras risas entrelazadas.
Dedicado a María Sánchez.
1 de Enero.
Hoy me ha dado por buscar un buen libro entre estos días de oscura soledad.
Que es invierno y el frío pesa en nuestros versos.
Que es el comienzo. Un día nuevo.
Que ya te vale, ya llegas tarde.
Estos instantes me los ha robado un cobarde.
Que es invierno y el frío pesa en nuestros versos.
Que es el comienzo. Un día nuevo.
Que ya te vale, ya llegas tarde.
Estos instantes me los ha robado un cobarde.
lunes, 24 de diciembre de 2018
3 de Noviembre.
Qué bonito es celebrar que seguimos vivos, en cuerpo y alma;
que nuestro corazón vibra;
que no nos hemos rendido.
Qué bonito es ver que hay gente que realmente vale la pena;
que te regalan su tiempo aun pudiendo entregárselo a otros.
Qué bonitos son los detalles llenos de vida
y la vida llena de detalles.
Qué bonito seguir luchando, riendo, soñando;
fallando, sufriendo y llorando.
Qué bonito aprender;
qué bonito un café a media tarde;
qué bonito disfrutar así.
Qué bonito.
Si es a vuestro lado.
"Sólo" eso.
Considero que no somos nada conscientes de lo que los demás hacen por nosotros. Especialmente, del tiempo que nos dedican. El tiempo, ese tesoro que desperdiciamos como si no valiese nada.
No valoramos nunca que otras personas nos dediquen un día, unas horas, unos minutos... y, cuando dejan de hacerlo, nos extraña.
Que podrían estar dedicándoselo a otros.
O a ellos mismos.
Los desperdiciamos.
Al tiempo y a las personas.
Media sonrisa y sin armadura.
Lo felices que somos ahora y no somos conscientes.
Solamente nos percatamos cuando la oscuridad nos viene a buscar y nos encuentra sin armadura; con media sonrisa y las ganas de luchar.
Desgastada y oxidada.
Con los pies descalzos y los sentimientos en vena, me dispongo a abandonar una oscuridad que me pesa. Acostumbrada a acarrear con los años y las piezas que he desmontado por pereza, es extraño sentirme tan ligera. No obstante, sigo entera, desgastada en las esquinas; con la pintura algo oxidada por la esperanza que penetra y no se escapa. Dulce locura encontrarme otra vez en casa.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Llanto roto.
El rugido del mar me embelesa. Me ha capturado en sus entrañas y me ha mecido hasta dejarme sin habla. Me retiene en su abrazo eterno y su espuma rompe contra los vértices de mi cuerpo.
Ese llanto, que propaga con sus olas, ha eclipsado mis sentidos y se ha colado entre los pliegues de esta luz que, días atrás, consideré mi alma.
Descanso eterno; silencio roto por la fuerza de sus olas, que me roban un beso salado al encontrarme tan perdida en estas horas.
Y, en su oscuridad, ha aferrado mis miedos para no dejarlos nadar y que mueran en un naufragio de espuma y mar.
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