domingo, 18 de septiembre de 2011

Historia de un Barbo.

Había una vez un barbo que iba nadando por el fondo del mar. Tenía que nadar mucho, muchísimo, para encontrar animales bentónicos, larvas de insectos y algas para comer. El viaje era muy largo. Pero un día se perdió en ese camino tan largo. Y no había comida, solo había peces más grandes que él, a los que no se podía comer. Pero había un pez de colores, que al barbo le llamó mucho la atención, y decidió que no pararía hasta comerselo.
El barbo tenía mucha hambre, pero sabía que no podía hacer nada con los peces grandes y sabía que ellos podrían comerselo a el, asique el pez se escondió en una cueva formada entre las rocas
  -Pobrecito (comentario de Bárbara)
El pequeño pez pasó mucho tiempo solo, y escondido en la oscuridad de una cueva, sin alimentos y con mucha hambre, hasta que un día un Pezglobo pasó por delante.
-¿qué coño estás haciendo ahí metido?- Pregunto el pezglobo desconcertado.- Te vas a perder la Canción de Sebastián.
-¡ y a mi qué coño me importa la canci´n de Sebastián!. Dijo el barbo de mala gana .- si tengo mejores cosas que hacer como pensar en Mourinho y realizar un plan infalible para comerme a ese pez de colores que tan delicioso debe de estar.
-Pues más bien te comerá el a ti. opino el pezglobo. - Pero bueno me quedaré aqui contigo para intentar ayudarte asi lo conseguirás antes.
Y así el pezglobo y el barbo entablaron una gran amistad y durante un tiempo siguieron intentando atrapar al pez de colores sin resultado.
Al poco tiempo, otro pez se asomó a la cueva: un Besugo de apellido Rubio.
-¡Os vais a perder a sebastián cantando Bajo del mar como sigaís aqui! . les dijo.
- Pero no podemos ir. Dijo el pezglobo.
-¿Porque?. pregunto el rubio besugo intrado.
-¡Estamos pensando en mourinho y sus trajes- Respondió rápidamente el barbo.
¡No me lo creo!
El barbo dudó un momento pero finalmente respondió.
-está bien, queremos comernos a ese pez de colorees que ves nadando por allí-. Señaló al pez.
-Es difícil... pero bueno me quedaré aqui y os ayudaré después podremos irnos a la fiesta de sebastian.
¿qué pez de colores?.- Otro barbo algo más grande había aparecido en la cueva de repente y había escuchado toda la conversación.
-Está bien quiero comérmelo...- Dijo el Barbo ya algo cansado de que cada ve más peces llegaran a su cueva.
- Me quedaré con vosotros y os ayúdaré.
Y así los cuatro peces estubieron planeando planes infalibles hasta que un día, apareció un cangrejo frente a su puerta.
-¡Anda ese es Sebastián!-. Gritó el pez globo.
-¡Sebastián sebastián ven aqui!- gritaron todos.
El cangrejo fue hasta ellos a su llamada.
-Hola ¿qué quereís?
- Sebastián has cantado ya tu canción?-. Preguntaron
-No iba ahora a hacerlo, ¿venís conmigo?
-No podemos...- contestó el pezglobo.
-¿Porqué?-
Nigún pez contestó a su respuesta, pero no hizo falta el cangrjo vio como el pequeño barbo hambriento miraba al pez de colores a lo lejos y lo comprendió todo.
¿Tienes hambre verdad?- dijo Sebastián dirigiéndose al barbo.
-eh... un poco.Ven con nosotros de camino al lugar de la fiesta hay muchos peces para comer.
-No gracias,tengo que..
-¿comerte a ese pez de colores antes?
-si.. - dijo timidamente el barbo.
-Creo que tienes una pequeña obsesión con comerte a ese pez de colores- observó Sebastián.
-No.
-Tu sabrás pero si te quedas aqui vas a morirte de hambre-. dijo El cangrejo.
-Pero me gusta el pez de colores-.
-Deberías dejar a un lado ese pez, alimentarte y salir de esta cueva así no vas a ninguna parte, y tengo que irme a cantar mi cancion, os venís o no?
todos los peces asintieron, menos el barbo que dudó unos instantes...
-supongo que no pasa nada por irme un rato de la cueva-. Dijo al fin.
Y todos se fueron a la fiesta de Sebastián después de tanto tiempo en la cueva.
El pequeño Barbo pensó cuando se fue que volvería algún día para terminar lo que empezó, pero no fue así, otro pez más grande se comió al pe de colores, y el comió otros más pequeños que él para no morirse de hambre hasta que finalmente encontró a un pez de colores de su tamaño, y nunca más volvió a pasar hambre ni mirar atrás.

HISTORIA DE UN BARBO POR BÁRBARA Y CARMEN. :D

"Loca"

Noche. Alocada. Extrovertida. Imprudente. Inconsciente. Desmadre. Noche. Luces. Tráfico. Frangelico. Negrita. Coca-Cola. Calimocho. Malibú. Fanta de Naranja. Chupitos. Música. Noche. Chicos. Chicas. Faldas cortas. Pantalones caídos. Camisas blancas. Vestidos ajustados. Viviendo entre tacones altos, botellas de vodka y besos que no se sienten. Besos con lengua, minuciosos, dulces. Besos desconocidos, interminables, locos, atrevidos. Manos desconocidas que tocan culos ajenos que ignoran que llevan unas cuantas copas de más. Historias destinadas al fracaso. Abrazos de amigos que se encuentran ya entrada la noche. Botellas relevantes de secretos inconfesables en la mesa y la barra de una discoteca llena de vasos medio llenos, medio vacíos. Un camarero despistado con algún escote más provocativo de lo que debería. Un muchacho enamorado de una diosa que nunca se fijará en él pero, que aun así, la protege de miradas indeseadas. Y sigue ahí, sigue siendo el bueno, el amigo, el pagafantas, el pañuelo de lágrimas. Sigue escuchando, dejando que todos le arrastren, hundiéndose despacio. Agotando toda ilusión. Chupándole toda su energía. Sin dejarle ni tan siquiera un poquito. Pero él sigue ahí, sigue intentándolo. El problema de perseguir lo que quieres es que no sabes si vas a conseguirlo. Si no lo intentas, no tienes ninguna posibilidad. Pero si lo intentas y no funciona, puedes acabar deseando no haberlo soñado siquiera. Lo peor de conseguir lo que quieres es que no siempre es como te lo imaginas. Él sabe que solo son amigos. Buenos amigos, sí. Pero solo eso. Amigos. Mira como ella coquetea con un contoneo de caderas y curvas interminables con un  desconocido que la invita a una copa, haciéndose el interesante hasta el punto de creérselo. Y ella se gira, indicándole a ese atractivo desconocido que no le interesa para nada cuántos Oscars se llevó la última película más taquillera. Le mira a él, a su buen amigo. Se conocen desde hace varios años. Son buenos amigos. Son más que amigos. Fuera miedos, fuera penas. Fuera timidez. Le abraza. Olvida que hay gente alrededor. Olvida que la música retumba, ensordecedora, mientras se acerca y roza sus labios. Así es la vida, a veces cuando no esperas nada en absoluto, surge algo mucho mejor que nada que te hubieras imaginado.


Sigue sonando la música. Todavía es temprano. Solo son las tres de la mañana. Fiesta. Sonrisas. Miradas furtivas escondidas entre copas y cuatro cervezas. Un beso. Un baño lleno de picardía. Pintalabios rojos. Bolsos de ocasión. Zapatos de aguja. Piernas interminables. Cinturones sueltos. Móviles que suenan. Un Dj acelerado por un “sube la música, quiero despeinarme”.  
Un grupo de amigos. Una de las chicas mira de reojo al que fue y es, hasta el momento, la persona a la que más ha querido. Él baila con una desconocida. Bien pegados. Cuerpo contra cuerpo. Se besan. Rozan sus labios, se funden en ese beso, del que ambos se olvidarán mañana. Él le prometió tantas cosas. Tantos besos, tantas caricias, tantos abrazos. Te quieros imposibles, te amos mentirosos. Y ahora solo queda el recuerdo de un amor del que ya solo quedan migajas.
Ella, ilusa esperanzada, orgullosa ante todo, finge no verle. Pero es inútil no mirar, duele demasiado. Ha hecho de ella una persona desconfiada, más fría, y con cierta tendencia al pánico por volver a sufrir. Ya le da miedo escuchar un te quiero, tiene miedo a creer en esa palabra, miedo a volver a caerse al suelo. Miedo a repetir película, miedo a dar sin recibir. Miedo cuando va andando por la cuerda floja y no puede permitirse el lujo de hacer malabares. Pero ella es más fuerte de lo que piensa, no sabe hasta qué punto es de fuerte. Supera situación tras situación con resignación, aceptación y positividad pues sabe que si no lo hace de esta manera por ella misma, nadie lo hará en su lugar. Nadie se lo pondrá fácil. Por desgracia, el mundo es así. Egoísta y encerrado en sí mismo, buscando únicamente su propio beneficio, y contra esto me temo que no hay nada que hacer. No sabéis lo que es verle, tenerle a escasamente centímetros de tu cuerpo. Mirarlo y pensar: ¿cómo es posible que tanto, haya quedado en... nada? No, no lo sabéis. Creéis  saber cómo te sientes, pero no podéis llegar a entenderlo. No sabéis lo que es tenerle tan cerca y saber que realmente está a la vez tan lejos...
A mi parecer, la distancia en sí es algo relativo; hay personas que están a centímetros tuya, puedes oler hasta el perfume que llevan y podrías decir con exactitud hasta los lunares que tiene en la cara, pero a su misma vez, distan más de ti que de aquí a la mismísima luna...
Eso es justo lo que siente, una distancia inmensa entre él y ella. Y pensar que fue y es la persona más importante que ha marcado su vida hasta ahora... y es de las pocas cosas sobre las que no tiene ni la más mínima duda, con dos narices y con sus 16 años.
Sobrellevar estas situaciones casi diariamente es la peor condena que se le ha podido imponer. Como si perderle no fuese ya suficiente castigo, encima de esto, ¿debe ser testigo de su felicidad sin ella? No es justo, claro que no, la vida no es justa siempre. Pero eso es algo que no debería sorprenderla a estas alturas.
Cada vez piensas que en esta ocasión lo harás bien, que no repetirás los errores o lo que crees que fueron los errores que cometiste la última vez. Pero no es así, claro. No es tan sencillo. Aquella mirada en sus ojos. Aquella conversación en los soportales. Por un momento pensó que... en fin, se equivocó.
Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, la adrenalina en camas separadas, los pijamas sin dueño. Lo malo del después son los despojos, los móviles que insultan con los ojos... Lo atroz es no querer saber quién eres, agua pasada, que dé igual esperarte o que me esperes, que no seas tú entre todas las mujeres. Las maletas que llegan sin tu ropa giran perdidas por los aeropuertos, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Pero, en fin. Mañana será otro día. Cada día una tontería más, cada día un día más de locura, cada día un nuevo día… donde siempre gana el que más se divierte. Por eso, están allí. Allí, ella sola. Allí, él pasando página. Lágrimas guardadas entre amigos, alcohol y unas cuantas gotas de orgullo. Ella, sin ganas, va y se acerca a su mejor amigo. Empiezan a bailar. Ella se refriega y el amigo se deja llevar. Al fin y al cabo, vuelve a estar soltera la chica más guapa de la ciudad. Él se percata. Aún sigue sintiendo algo por ella. Quizás se equivocó. Quizás se precipitó al cortar con ella solo porque tiene miedo a enamorarse. Porque eso es lo que estaba a punto de lograr ella. Que se enamorara. ¿O quizás ya lo haya logrado? Pero, en fin. Está acostumbrado a que lo bueno se le escape de las manos y no aprende la lección. Quizás ella ya le haya olvidado. O quizás no. Quizás tenga otra oportunidad. La última. Es orgulloso sí, pero esta vez eso no le sirve. Esta vez no la perderá. Es suya. En el fondo, nunca ha dejarlo de serlo. Se acerca. Espera a que se termine la canción. Ahora. Ahora es cuando debe atacar. La coge por la cintura, la acerca hasta que sus labios casi se rozan. Bailan. Disfrutan de su picardía. Ella, incrédula, impresionada, sonríe para sí. Quizás todavía quede una esperanza, quizás su orgullo no sea tan malo después de todo. Se miran. Él se acerca a su oído y le susurra con miedo, con arrepentimiento, con esperanza.
-          Te quiero, nunca te he dejado de querer. Lo siento. Quiero arriesgarme, quiero quererte. Quiero que seas mía, solo mía. Enamórame.
Ella sonríe. Le quiere. Es tonta. No, no lo es. Tiene miedo, sí. Pero le quiere. Se acerca a él. Roza sus labios y se separa al momento. Él, con ganas, la acerca. La besa. Se funden, se entienden. Quizás solo sea una intuición, pero se quieren.


Noche, noche dramática.  Frío en aceras mojadas por la lluvia de una tormenta de verano. Nubes que se alejan de ese pequeño paraíso, de ese dulce infierno. Estrellas que aparecen para hacer más amena la noche. Farolas que iluminan esa noche sin dueño.  Noche divertida, borracha, indiferente, distante, silenciosa. ¿Silenciosa? Por lo menos no en esa discoteca. Esta noche no quiero silencio, quiero ser yo. Yo misma. Es noche de fiesta, noche de secretos. Roce cuerpo contra cuerpo. Piel con piel. Desconocidos que influirán en tu vida peligrosamente con efecto positivo de sonrisas estúpidas llegadas a extremos insospechados de amores de verano, lejanos, duraderos. Recuerdos intactos, tragos largos y amargos. Recuerdos que se van durante un par de horas, al menos, trayendo palabras inconfundibles. En definitiva, noche loca.
¿Sabes por qué la llaman loca? Porque disfruta de cada una de las putas locuras que el mundo tiene reservadas para ella. Porque esta noche es mía. Solo mía. Y nadie me la va a quitar. Tengo mil argumentos para morir ahora mismo. Pero, querido desconocido, con este vaso en la mano y tu mano en mi culo, tengo mil y un argumentos para seguir viviendo.
Noche. Noche loca. Loca. Sí, yo también estoy loca. ESTOY LOCA.
Sinceramente me da lo mismo como suene, pero necesito estar así de loca, hacer cosas por instinto, equivocarme todas las veces que haga falta y sufrir las que sean necesarias con tal de vivir tal y como siempre he querido, libre, sin nada que me ate e impida que haga lo que quiera. Cuando creo oportuno no atiendo a razones y soy cabezota, me cierro en banda a todos y no doy mi brazo a torcer, pero sólo cuando quieren cortarme las alas, cuando pretenden aparcarme en un mismo sitio, sin hacer demasiado ruido o movimiento en mi vida por miedo a hacerlo mal o a fracasar en el intento. Pero es que me da lo mismo, creo que debemos vivir ni más ni menos, hacer lo que te pida el cuerpo, lo que te pidan los pies, lo que te pida tu corazón, lo que te pidas tú misma. Hazlo. Sin más, hazlo. ¿Qué quieres fiesta? Toma fiesta. ¿Quiero hacer locuras? Pues hoy tengo ganas de hacer locuras. Rompe las reglas. Perdona rápido. Besa lentamente. Ama verdaderamente. Ríe incontrolablemente. Y nunca te arrepientas de nada que te haya hecho sonreír.
Noche. Noche loca. Noche irrepetible. Mi noche.


Tengo algo claro en la vida y es que no quiero perderme absolutamente nada de lo que tenga oportunidad de vivir, cada experiencia es un aprendizaje. Sí, me he pegado una hostia del quince por llevar esta manera de pensar a la práctica, pero gracias a esta manera de pensar he vivido momentos que no ha vivido nadie. Inigualables, increíbles, irrepetibles. Momentos que por años que pasen seguirán siendo recuerdos que jamás podrán olvidarse. Y que por supuesto, ninguna caída, por muy mal que haya resultado, me va a arrebatar mi sonrisa. Porque es lo único que tendré seguro siempre. Da igual, pues esos momentos, esos segundos, minutos, horas... Eso, eso no nos lo quita nadie, ni a ti ni a mí.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Tienes el poder.


Horas. Horas desnudas. Enterradas en una cama fría, porque tú no estás a mi lado. Pienso y recuerdo con gotas de acero que colman tus besos. Recuerdos, muchos y bonitos. No me conformo con eso, por mi parte, te entrego mi corazón. Pero a estas horas de la noche, 4:03 de la madrugada, es demasiado tarde para llamarte. En mis ojos estoy pidiendo a gritos poder verte, y esta noche estoy soñando con todas las cosas que hemos pasado. Y supongamos que no soy nada sin ti… Ahora mismo podrías hacer conmigo lo que quisieras, sabes que seguiría ahí. Lo sabes tanto tú como yo. Y podrías romperme el corazón, tirarlo al suelo y pisarlo que yo volvería, por muy lejos que estuviese. Hasta que te volvieses a cansar de mí. A veces, me da por pensar que sería mi vida sin ti, que sería de mí si tú ahora desaparecieras por arte de magia. Que sería de mí, sintiendo todavía el sabor de tus besos en mis labios, sintiendo todavía la ilusión en mi interior. Y llego a la conclusión de que me quedaría sentada, viendo pasar la vida, esperando a que llegaras tú, intentando capturar nuestra historia, y llegando a la conclusión de que por muchos años que pasaran tú seguirías siendo la persona por la cual vivo…
Sé que te molesta que me emparanoye, pero quizás lo hago porque tengo miedo. Tener miedo a algo es señal de que ese algo es importante para ti. Y tú no es que seas demasiado importante, es que tú eres lo importante. En todas tus palabras, en tus caricias y miradas…  tú me das lo que nadie me ha dado en mi vida. Y solo al mirar, podemos llegar a entender que jamás nada ni nadie en la vida nos separarán.
Y recuerdo, recuerdo y me adentro en días calurosos, mojados por tormentas de verano. Días inolvidables, días veintiunos. Recuerdo aquel día, tú a mi lado, dejándote llevar. Mientras, nos quedábamos quietos, dejando que la piel cumpliese, poco a poco, todos sus deseos. No había nada que hacer y nos quedamos allí contándonos secretos, diciéndonos bajito que lo nuestro siempre será eterno.
Sé que es lo peor que podía hacer. Ahora, tan tarde, pensando tanto. Tantas cosas. Buenas, otras malas. Lo siento. Te prometí que no me haría daño. Que cuidaría de mí cuando no estuvieras.  Pero no puedo dejar de pensar en ti. Y tantas horas, sola aquí en mi cama, no son buenas.


Te echo de menos, sí. Adiós orgullo, te echo de menos. Mío. Tuya. Nosotros. Nuestro. Joder. Yo, tú, mí, me, contigo. Juntos. Tú y yo. Tú, con tus ideas disparatadas. Tú, con esa risa que te caracteriza, que te diferencia de los demás. Tú, y tus ojos. Grandes. Verdes, y esas pestañas largas. Tú, y tus besos. Tú, y tus abrazos. Tú, y tus te quiero. Tú. Tú. Tú. Tú. Sencillo. Preciso. Exacto. No pido a nadie más. Me aterroriza la idea de seguir sin ti. Sola. Eres la persona a la que más he querido. La que más quiero. Lo único que necesito. Tú. No sabes hasta qué punto te echo de menos… un día más.

viernes, 19 de agosto de 2011

I miss you everyday that i can't hug you.


Echar de menos: notar la ausencia de alguien. Sentir cómo te falta algo. Algo que necesitas para vivir, algo que te hace sentir bien. Bueno, alguien. Alguien que consigue hacerte sonreír incluso cuando no tienes esperanzas. Siempre se ha dicho que la esperanza nunca se pierde pero, ¿y si simplemente nunca ha existido?
Es difícil alejarse de alguien, aún más cuando lo tenemos asumido como una gran parte nuestra. Cuando es una parte necesaria, un elemento imprescindible. Un “sin él no puedo”. Un beso, un abrazo no dado. Notas como un regazo vacío te rodea. Algo que debería estar y no está, y que duele.  Comienzas a pensar y te das cuenta de que eres un agujero negro en estado puro. Eres sentimientos, caricias, susurros, sueños, sonrisas sin un dueño específico, y duele. Sonríes recordando con melancolía el sabor de sus besos. Recuerdas que hace mucho que no los pruebas. Recuerdas esa boca que besa, que sonríe, perfecta e imperfecta, la que muerde. Esos labios. Respiras hondo. Empiezas a suspirar. Te acuerdas de su piel.
No me preguntéis porqué, pero en esos momentos en los que peor estoy, en los que me miro al espejo y solo quiero romperlo, desaparecer, esfumarme ¡Puf! Así, sin más, sin problemas, sin preocupaciones, sin que nadie se acuerde de mí, en esos momentos aparece él. Tiene el maldito don de aparecer cuando más le necesito. No lo entiendo, cómo es posible que cada vez que algo sale mal, cada vez que me tiran al suelo, detrás de cada decepción, una y otra vez, sólo me acuerde de ti. Sí, siempre.
Y te echo de menos. Porque sé que con una sonrisa tú lo solucionarías todo. Porque me quedé yo sola y aún sigo aquí. Porque digo que lo he conseguido, que lo asumí, que soy fuerte y en realidad creo que ni lo he intentado. Me quiero ir...
Irme de aquí. Desaparecer. Pero entonces, otra vez, llegas tú a un callejón. Y yo, llorando, me abrazo a ti. Y entonces me miras y me dices:
-          Dame un motivo por qué hacerlo.
-          ¿Por qué no hacerlo?
-          Porque si te pierdo, si ya no apareces con palomitas en mi puerta por sorpresa, ni me obligas a cerrar los ojos e imaginarnos en alguna parte del mundo perdidos de todos, ni te pones la alarma cinco minutos antes para despertarme con caricias, ni mis sábanas huelen a ti, ni los besos saben tan dulces... me matas. Porque estarás a años luz ya de mí, porque te fuiste, porque me quedo yo solo. Porque la vida te puso frente a mí, ese día, a esa hora, en ese lugar. Y no voy a desaprovechar esa oportunidad. No voy a perderte. Perdona mi debilidad, pero no sé por qué sin ti me es tan difícil vivir…



Echar de menos. Echarle de menos. Duele. Duele no tenerle, no tener sus besos. Duele demasiado aquí sin ti…
Así, tengo mil argumentos para morir ahora mismo, pero sabiendo que el dolor es la confirmación de que él realmente existe, tengo mil y un argumentos para seguir viviendo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Dulce infierno.

Corro asustada, no sé a dónde ir. Estas lágrimas caen en este fuego que me quema. Duele, sí, pero aquí estoy. No voy a tropezar. He pasado por aquí muchas veces, de vuelta a esos besos. Me conozco bien el camino. Quizás, parezca raro. Quizás no encuentre mi sitio, no me reconozca, pero seré yo. Esa rubia que veis ahí. Por mucho que pasen los días sin que pase nada nuevo, por mucho que a veces no sepa lo que quiero. A pesar de todo eso, seguiré siendo Bar. Esa rubia independiente… a veces, aparece y aumenta por segundos, pero otras no veo nada claro. No la encuentro. Sé que está ahí pero, ¿dónde? Y, a veces, eso me hace gritar. Duele no encontrarte. Intentar atravesar un muro donde te encuentras encerrada en una cárcel de cristal. Mis pasos, firmes seguidores de la adrenalina acumulada en sábanas incontrolables, me guían rumbo al infierno. Dulce infierno, frío abrasador de invierno.
Tras las sonrisas escondidas en unas cuantas páginas dobladas entre mis recuerdos encuentro miradas de desprecio. Y yo sigo evitándolo a toda costa, huyendo de ellos como si fueran la peste. Pero, a pesar de ello, sonrío con el sueño plastificado de un ayer que persiste en dejarme atrás. Entorno los ojos, mientras mi corazón y mi mente conviven pacíficamente, frente a ese muro.  Me siento en el suelo mirando a un lado y a otro, esperando que alguna cara conocida me abra alguna puerta o que me tiendan una cuerda para poder trepar ese imponente muro. Y los días pasan y yo sigo ahí sentada, en un punto medio, un punto nulo.  Y sigo ahí, incontrolablemente perdida.
Es difícil jugar cuando llueve. Sé que soy así, desconozco el por qué.  Pero no necesito nada más. Solo un poco de lluvia para disimular mis lágrimas. Cruzo la esquina, pero el miedo sigue latente vaya donde vaya.  Y mi inseguridad me decepciona. Me hace sentirme insegura ante situaciones que nunca antes viví. Me hace caer, se pierde entre segundos que cuentan historias interminables. Titubeo cada noche antes de dormir, mientras una marea de emociones camina a paso firme por mis recuerdos. Pero eso ahora no viene a cuento, sigo frente a ese muro y por más que lo rodeo no consigo entrar. Estoy llegando a mi límite y esto hace mella en mi yo. He aprendido tanto en tan poco tiempo pero, por otro lado, no sé ponerlo en práctica. Yo solo miro, y pienso, e intento subir. Y aunque a nadie le importe, me ayuda. Me pongo a prueba, no me rindo. Pero no sé si merece la pena, para después sentirme inmensamente vacía a ratos. No, hoy tengo un ápice de bipolaridad. Voy a levantar la cabeza y mirar al frente.
Miro dentro de mí, por si alguna sonrisa de mi ayer, secada a la luz de la luna, o algún sueño a medias, me da alguna pista para sobrepasar mi muro.  Me psicoanalizo, analizo mi ayer. Comparo, admiro, desapruebo. Pero solo me empeño en hacer difícil lo fácil. Este muro lo he construido yo, dentro he escondido a mi yo. Pero es tan grande que ni yo misma puedo entrar. En el fondo, todo es muy simple, la vida es muy simple. El tamaño del muro es directamente proporcional al miedo que me produce cualquier cuestión emocional. Quizás doy miedo, quizás. Pero solo pido un poco de silencio para calmar mi llanto y alguna que otra sonrisa inesperada.



jueves, 11 de agosto de 2011

Todo es mucho más fácil con una sonrisa.

Por ti, ese rubio que ven ahí. Sabe que debe sonreír, sabe que se lo merece, sabe que lo dio todo, sabe que algún día volverá y, además, entrará por la puerta grande.
Sabe que la vida es un sube y baja, como una montaña rusa. Que da vueltas y vueltas. Habrá momentos que estarás a ras del suelo, y otros sentirás que pisas la cumbre más alta conocida por la raza humana y que él, únicamente él, la está pisando con firmeza.
Y se sentirá bien, realmente bien; como si por una milésima de segundo sintiese el tacto del roce del cielo en la yema de sus dedos, la sensación de tenerlo todo a tu alcance, porque sabe que llegará alto. Porque lo que no mata, hace más fuerte. Y de su cara se esbozará una sonrisa de oreja a oreja y ya solo tendrá ganas de gritar a voz tendida al mundo “estoy en la cima", y tendrá voz suficiente y sobrada para que le escuchen, para que escuchen su grito, para que escuchen su risa, para que sepan que nada va a poder con él; y el eco que produzca sea tan grande que derrumbe todas las montañas y los obstáculos que se interpongan a lo largo de su vida,  y su voz llegue a todo el mundo, porque sabe que su fuerza va más allá de todo el mal que quieran hacerle.
Cuando tenga esa confianza podrá sonreír con sinceridad, porque así le sale, porque así se siente, feliz y sabe que ese momento llegará, porque se lo ha ganado a pulso y seguirá luchando contra lo que haga falta para que esto ocurra.
Y ese día puede ser en cualquier momento.


En el fondo lo sabe, pero debe recordarlo y tenerlo siempre presente, que la felicidad no está en los sucesos que nos ocurran, aunque es obvio que ayude si las circunstancias acompañan, pero... la felicidad no se rige por suerte o desgracia, la felicidad está en nosotros, en la manera de ver las cosas, es un estilo de vida. La felicidad la eliges tú,  en cualquier momento, en cualquier lugar, si tú ahora mismo decides ser feliz, lo serás... Porque esto sólo depende de nosotros, la vida nunca va a ser de color de rosa, sin excepción para nadie; pero si decides convertir el negro en rosa, descubrirás que ya lo tienes todo, que por desgracias que te ocurran puedes ser la persona más feliz del mundo, porque la vida está llena de cosas buenas. Naciste por algún motivo, alguien decidió que vinieras a este mundo, pero para que "vivieras" no para que te sentases a esperar que ocurra algo que te dé la felicidad, porque esperamos y esperamos a que por arte de magia todo se solucione y de lo que no nos damos cuenta es que lo único que está pasando es nuestra vida delante de nuestras propias narices y no lo estamos viendo... no somos conscientes de ello.



La vida es muy corta como para tener una actitud pasiva ante ella, no dejes que la vida te domine, haz tu propio camino, marca tú el ritmo conforme vas andando y tus mismos pasos serán los que te guíen, y a ser posible siempre deja huellas... No pases desapercibido, no pretendas que tu presencia se note, si no que cuando hayas llegado al último de tus días te vayas con la certeza de que tu ausencia se sienta...
¿Hoy has tenido un mal día? Tranquilo, mañana será otro diferente, pero no dejes que nada te derrumbe. Debes tener algo claro y es que nada debe ser lo suficientemente importante para arrebatarte la sonrisa, pues ésta y la fuerza de voluntad, es lo único que te mantendrá en pie... Recuerda que es tu voluntad la que te ha empujado cada vez que has doblado las rodillas desde que aprendiste a caminar...
Eres más fuerte de lo que piensas y debes creértelo, si tienes voluntad y decisión ante las cosas, dará igual el obstáculo, lo saltarás sin problemas, si ahora sientes que estás de nuevo en el suelo, que han vuelto a tirarte, levántate... No digas no puedo. Sí que puedes. Estás en el suelo porque no ves claro que si tú quieres, ahora, justo en este mismo instante, puedes decidir levantarte...
La vida es un ciclo y recuerda que lo bueno te está esperando a la vuelta de la esquina. Cuando surjan problemas, sólo piensa que tu deber es seguir caminando, porque amigo, la vida no va a esperarte... Por lo tanto, no te pares tú tampoco. Ten paciencia... Pues al final el siervo, algún día llegará a ser el amo si persiste en creer, que la misma luz que le ciega, guiará cada uno de sus pasos. Y entonces le gritarás al mundo, con ganas, con fuerza. "Y será, entonces, cuando tú, me echarás de menos, viejo amigo mundo"
Fuerza. Fuerza. Siempre. Arriba. Y fuerte.


NOSOTROS VAMOS A PESCAR UN BARBO Y UN BESUGO,
por la veto de pesca de nuestros primos :)
te quiero

Alegrías en exceso. Nervio y adrenalina en estado puro.

Es el momento exacto, preciso... perfecto.
Amor. Amor, amor, amor, amor. ¡Amor! ¡Amor! Ganas de gritarlo, bonito nombre, Amor. Amor. Joder, Amor. Precioso. Sereno. Tranquilo, y a la vez nervioso. Único. Amor.
Historias. Todas distintas, miles por minutos. Millones en el mundo. Distintas, pero iguales. Iguales, todas con Amor. Pasajero, eterno, suave, exacto, preciso, perfecto.
No. Es imperfecto. Tiene baches, tiene caídas. Pero tiene alzadas. Subidas a las nubes, y a mí me encanta. Y a ti. Y a ti también. Y a ti, ¿por qué no? También a él, también a ella... También al que se hace el duro, también a la que duda, a todos... El Amor es algo que vive con nosotros. Día a día. En las canciones que salen por la radio, en los anuncios. En las películas, en los libros de historia, en literatura. ¡Amor, joder!
Soy pesada, lo sé. Miento. Soy realista. Soy soñadora, soy yo. Yo misma. Y aquí lo dejo todo escrito. ¿Para qué? Realmente no lo sé... Pero el caso es que te lo dejo a ti. Para que lo leas, para que pienses en ello. ¿Para que pienses en mí? ¡Quién sabe!
Yo lo dejo y tú piensa lo que quieras. Y sí, quizás estoy un poco hiperactiva. Feliz, tal vez. Con sus sonrisas, sus te quieros, sus momentos, sus besos.
Y vuelvo a repetir, Amor. Y me repito, y me da igual. Hiperactividad, sí... Hiperactividad inexistente, mi autodiagnóstico es que tengo algo que no tengo. Sólo es... energía positiva.
Sí, será eso. O no sé, pero sea lo que sea... Es perfecto, es preciso, es exacto. Es exactamente perfecto, es precisamente exacto y es perfectamente preciso.


domingo, 24 de julio de 2011

Coge fuerzas y arriba.

Que la vida no es caerte y esperar a que te levanten ni a que se compadezcan de ti.
Que la vida es que te caes, y te levantas tu solo. Y si te vuelves a caer, te vuelves a levantar. Y te volverás a caer tres mil veces más, pero te tendrás que levantar tres mil y una. Y si ves que ya no hay fuerzas para levantarte, entonces hazlo, apóyate en las personas que te quieren, todo será más fácil. 
Siempre estás en los peores momentos y siempre tienes una sonrisa que regalarme. Por eso, yo también quiero hacer lo mismo contigo, porque aparte de que te lo mereces y de que te quiero mucho mucho, te lo debo por tantas veces que me has sacado una sonrisa. Because you make me rise when I fall…



Los dos sabemos que no, que esta vida no es nada fácil, pero cuesta menos si tenemos al lado a esa persona que te alegra el día, cada momento. Porque aunque no pueda arreglar tus problemas, puedo hacer que sean menos duros. Y sé que es fácil caerse y difícil levantarse. Sí, pero con dos piernas, con cuatro es muy fácil.

martes, 19 de julio de 2011

Vacunada contra el miedo.

Y necesito huir. Huir de esas  lágrimas. Huir de ese miedo. De los recuerdos.
Y se me empañan los ojos. Y no puedo ver más allá.
Y duele.
Y caen. Caen rápidas, veloces, vengativas. Caen arañando mis mejillas, caen rozando mis labios suavemente. Como meciéndolos dolorosamente.
Pero no puedo irme ahora. Ahora que he llegado hasta aquí. Tengo que seguir. Cruzar esa puerta.
Esa puerta.
Intento pensar en positivo. Sonreír.
Pero es que llevo tanto tiempo sin ser yo misma que he olvidado hasta como solía sonreír.
En fin.
Las consecuencias de algo que no has pedido.
No lo pienso dos veces. Entro.
Todo huele a limpio y a lavanda. Pero con un no sé qué de falso.
Paredes encuadradas en recuerdos abatidos. Y, al final de todo, invierno. 



“Al principio lloras todas las noches. No sabes por qué. Intentas buscar una explicación.
Pero no la hay. Simplemente, es así.
Y solo tienes una salida: Seguir.
Porque no puedes rendirte. No. Esa opción no está disponible.
Pero en ese momento lo ves todo tan difícil, tan lejos.
Se rompen todos tus planes, olvidas aquel sueño infantil, duermes mal, comes sin hambre… pero eso solo es al principio.
Después te das cuenta de que no puedes dejar de sonreír.  Porque si dejas de sonreír, pierdes. Y si pierdes, se acabó todo.
Entonces te levantas de la cama, con mucho cuidado de no caer los goteros. Todavía es de noche. Te sigue costando dormir.
Está lloviendo y de lo último que tienes ganas es de sonreír.
Echas de menos esa sonrisa tuya. Sí, algún día la recuperarás.
Pero, ¿por qué no? Mañana. Mañana la recuperarás.
Sí. Porque, en el fondo, estás cansada de esa sonrisa falsa. Porque mañana está más cerca que Mayo. Y necesitas esa sonrisa. Y, simplemente, porque ellos también la necesitan.
Como cuando te sonríen, sin saber muy bien qué decir, intentando animarte de cualquier manera. Pero, aunque no se den cuenta, ya lo han hecho.”

                              

No sé.
Tampoco ha pasado mucho tiempo desde que abandonaste el temblor de manos habitual.
Y, en el fondo, nunca llegas a asumirlo.
Pero ahora es más fácil. Ahora, simplemente, ya ha pasado lo peor.
Todo va a terminar. Queda menos.
Y todo volverá a ser como antes. Bueno, no. Miento.
Será mejor, muchísimo mejor.

domingo, 17 de julio de 2011

Rebobinar.

Algunos días, todo te sale bien.

En esos momentos te sientes invencible. Cuando nada se interpone entre tú y ser la reina del universo. Pero nunca dura mucho porque la madre naturaleza está ahí para ponerte en tu sitio. 
Sí, le encanta recordarte que no eres la reina ni de tus propios impulsos y mucho menos del universo.
Te equivocas. Encuentras esa piedra cada dos por tres. A cada paso que das. Como si la hubieran colocado allí. A propósito. Y te equivocas.
Pero, a veces, por mucho que te esfuerces, no puedes dar marcha atrás. No puedes volver atrás. No puedes apretar el botón de rebobinar. Por mucho que te esfuerces, una vez que has hecho algo mal, has hecho algo mal. 
Te rondará el resto de tu vida. Estará ahí cuando te acuestes y cuando te levantes. 
Alguien ha olvidado que la  vida no tiene un gran botón de rebobinar.

Ojalá la vida tuviera botón de rebobinar. Pero no lo tiene.