sábado, 24 de diciembre de 2011

¿A qué tienes miedo?

En el infierno se queman los sueños. Piénsalo, no pueden estar guardados en un cajón.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Anclada en mi suelo.

No sé, siempre me han dicho que debo confiar en la gente que confía en mí, porque confiar en alguien lleva su tiempo y si me dan, deben recibir. Aunque debes dar sin esperar nada a cambio, ni siquiera una sonrisa. Pero de tanto dar, te puedes quedar seca.
Intentas hacerlo todo bien, preocuparte por todos, sonreír siempre, andar bien recta sin que se note mucho que hace cinco minutos te has caído. Pero luego, si te he visto no me acuerdo. Y cuando de verdad necesitas esa sonrisa, esa mano que te ayude a levantarte, no encuentras a casi nadie. O quizás sí, pero están demasiado ocupados con sus problemas como para preocuparse por los míos.  Mis problemas. ¿Qué problemas? Estúpidos, infantiles, egoístas. Problemas. Problemas. Mi problema es que no soy la que tengo que ser. Soy otra.
 Te explicaré las diferencias:
Bárbara. Acentos bien puestos, organizada, puntual, responsable, tímida, tonta, callada, nunca replica, nunca dice que no, hipócrita, perfeccionista, solo sabe reprimir, confía en to’dios menos en ella misma, experta en falsas sonrisas… encantada, soy Bárbara.
Bar. Despeinada, extrovertida, siempre sonriente, confía en los que tiene que confiar, no es como las demás, buena pero dura. Orgullosa pero si tiene que pedir perdón, lo pide. Quizás, a veces, demasiado pronto. Inmadura pero  madura, estúpidamente patética, se ríe de ella misma, payasa, se autopresenta, obsesionada con los pingüinos. Es una cría, sí, quizás lo siga siendo, pero es más fuerte de lo que ella piensa. Rímel en los ojos, gloss rosa, cámara en mano, azul eléctrico, no llueve cuando canta, sabe hacer cosquillitas, simpática. Ha tenido suerte a pesar de todo. Hola,  no nos han presentado, me llamo bar :)


Ahora que había conseguido ser yo, ahora me quedo anclada en la mitad. Anclada en mi suelo, un suelo que es mío pero que no me pertenece. Sueños escondidos en una hoja de papel truncada por mis miedos.
Todo el mundo tiene miedo de algo: a las alturas, a los payasos, a los espacios cerrados. Eso son cosas que se superan pero luego está el miedo a una misma. ¿Encajaré? ¿Estaré a salvo? Esos son miedos que no se superan nunca, así que, a veces lo único que puedes hacer es respirar hondo, abrazar fuerte a los que están a tu lado y esperar que todo vaya bien.

Momentos de lucidez. Lo vi claro. ¿Qué coño he estado haciendo? Despierta, ¿todavía sigues aquí? Bajé la cabeza sin saber qué contestar, miré una vez más atrás, me lo pensé unos minutos... Los peores minutos de mi vida ¡Joder! No me avisaron de que esto fuese así. La realidad es cruda, dura, y a veces triste, pero es la realidad. Hay que aceptarla. Y aun cuando seguía mirando atrás y tenía un miedo espantoso a girarme y mirar adelante, me dieron la mano.  Ahí es cuando te das cuenta. Miré a mi derecha, a mi izquierda. Ahí estaban, ellas, ellos, mis amigos. Mis buenos amigos.
El pasado es pasado y ahí debe quedar. El futuro está por llegar. Me dijeron que solo tenemos una vida, creo que fue eso lo que se me olvidó durante un tiempo. Ahora lo veo claro, no sé qué vendrá y tampoco quiero saberlo. Mejor dejar que me sorprendan, pues la vida no será siempre de color rosa pero es que no hay felicidad sin tristeza, al igual que no hay día sin noche. Un momento después todos esos recuerdos pasaron por mi cabeza, los vi ante mis ojos como una película de diapositivas... parecían tan reales. Horribles, ¿verdad? Claro que sí, pero es momento de dejarlos. Y giré la cabeza.
Sí, bueno, dicen que no soy la misma. Aparentemente, es cierto, pero eso es algo que no sabrá nadie más que yo. Prefiero dejar todo esto aparte. Como si no hubiese ocurrido. Hacer de tripas corazón. Y sonreír. Un día nuevo empieza, no va a pararme nadie.
Cierro esta etapa de mi vida con un punto y final.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Siempre hay algún motivo por el que continuar {21#}

Miré al frente. Allí estaba él. Sus manos sujetaban el espíritu ganador; sus pies rodaban mágicamente el balón haciéndolo volar más allá de las redes de la victoria. Quizás, era su mirada. El encuentro del verde y el marrón añadidos a ese toque especial. Un toque con efecto.
Tal vez, era su boca, sus labios… rosados, sabrosos, apetecibles. Deliciosos, con sabor a mar, a las olas turbulentas chocando con las rocas de la orilla. Su pelo, castaño tirando a rubio, ondeaba al viento al paso de su espléndido avance hacia la portería.
¿Conoces esa sensación de pensar que alguien te está mirando? Pues él me miró. Creo que fue una mínima de segundo, un instante dulce. Y solo supe sonreír con el exclamado rugido de los seguidores en las gradas a mi espalda avivando el ambiente.
Fue, quizás, un microsegundo… pero mordió su chapa.
Y jamás, nadie me ha demostrado más en una sola tarde. He de añadir que estaba lloviendo. Seguramente, solo los que me conozcan de verdad entenderán el porqué de las palabras escritas.


“Veintiuno”
Aquel número resonaba a su espalda, inscrito en su camiseta del color del crepúsculo cuando está alegre. Quizás, no signifique nada para muchos pero para mí… lo es, básicamente, todo.
Mi móvil emitió la despampanante ilusión de aquella llamada. Aquella canción, con sus acordes, con sus cuerdas mal afinadas, con su constante contoneo. Todos los momentos importantes de mi vida han tenido banda sonora incorporada. Este no iba a ser distinto.
Un flas-back. Recordé aquel día, aquella noche, aquellos labios y alguna que otra lágrima. Recordé sus ojos, el miedo impregnado en mis palabras y la voz de la televisión rondándome por la cabeza. ¿Sabes que día era? Aquel día era veintiuno.


"Veintiuno" y todavía nos queda mucho que hacer por aquí.

martes, 20 de diciembre de 2011

Paradise.

Estás en el cine. Estás viendo con tus amigos esa película que esperabais que sacaran desde hace tiempo. Y, de pronto, te ríes sola. Te ríes en silencio, en tu cabeza pero con ganas. Y esbozas, sin darte cuenta, esa estúpida sonrisa tonta porque estás pensando en él. Recordando su sonrisa, su mirada, su cara. Le miras. Está a tu lado, mirando la película, analizando cada escena. Todo en él te parece único. Todo en él es único.
Vuelves a mirar a la pantalla. Te has perdido la mitad de esa famosa película que esperabas ver desde hacía, más o menos, tres meses y aún así, te alegras de haberle mirado.


Y al día siguiente igual, en un parque, todos en grupo, comiendo perritos y patatas de la tienda de enfrente. Y tú, otra vez, mirándole, sonriéndole.  Sientes como gira la cabeza para mirarte e, inconscientemente, la giras tú. No quieres que vea que es tu debilidad. Sigue ahí, sentado, sin hacer nada. Te encantaría que se levantara de ese coche y fuese hacia ti para abrazarte. Que te besase, que te dijera “te quiero”… Quizás piense que te ríes del último chiste que acaban de contar. Quizás no quiera ir. Quizás no te haya mirado a ti. Parece no entender que si sonríes es solo para él. No se da cuenta.
Mírale, no hace falta tanto. Solamente, una mirada.


Ya lo entendí, solo hay una persona capaz de hacerme feliz y eres tú.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Charles Bukowski.

Hay cosas peores que estar sólo, pero a menudo toma décadas darse cuenta de ello, y más a menudo cuando esto ocurre, ya es demasiado tarde. Y no hay nada peor que un "demasiado tarde"


Si bien es cierto que nadie me tomó la mano y me dijo: "vamos a pasear", porque la vida no es así. No importa cuál sea el bache, no tienes más opción que saltarlo y seguir adelante. Esto es una cuenta atrás. O continuas, o te paras a perder el tiempo. Lo peor es que el tiempo no espera a nadie. Así que decidí darme prisa, por eso de que sea demasiado tarde.


winter.

Llega el invierno, llega el frío, las ilusiones, las intenciones, las grandes sonrisas, los regalos, la compañía de los más cercanos. Llegan las sonrisas de los más pequeños, de lo más grandes también. Llegan las oportunidades para unos cuantos, los retos, llegan tantas cosas por las que se debe luchar...


Entonces por qué no dejo de pensar en esa fecha, en ese número, en heridas cerradas que se empiezan a abrir con el calor de las chimeneas. Que deprisa pasa el tiempo, quién lo diría... Ahora aquí y parecía ayer, aquel día de invierno. Aquellas noches. Nunca lo olvidaré. No podría. Todavía puedo olerlo, todavía noto el tacto de esos guantes, el roce de las agujas en mi fría piel.
Cierra los ojos, ahí está, aún lo puedo ver, como si fuera ayer.  Lo veo con tanta nitidez... Ábrelos. Bienvenida a la realidad… 17 de Diciembre del 2011. Un día más, indiferente, distante, silencioso. Mañana será otro. Un día más de este año. ¡Jé, tiene gracia! Justo hace un año pensé “no me gusta este año”. Iba a ser un mal año. Ha sido un mal año. Y creo que en eso estará de acuerdo conmigo muchísima gente. Dicen que el tiempo no hace milagros, pero cierra muchas heridas. No lo olvida, solo ocupa otro lugar en la memoria. Recuerdos intactos, tragos largos y amargos. Lágrimas rozando mis mejillas, empapándolas en noches largas y almohadas duras. Pienso, automáticamente recuerdo.
No sigas.
Tampoco podría continuar esa frase. "Bar siempre está bie…"


jueves, 15 de diciembre de 2011

December.

Siempre hay un punto de partida y un punto de llegada.
En medio de la noche tu mente se tropieza con pensamientos encontrados y recuerda alguna parte de ti que se quedó hace algún tiempo atrás. En aquel verano turbulento en el que acabó tu gloria y comenzó tu desdicha. Supongo que las sonrisas más sinceras son las que se dibujan en tu cara cuando estás sola y no tienes que mostrar ante nada ni ante nadie que estás bien... no actúas, tan solo es eso… te sientes bien. Aunque probablemente sea algo efímero. Quién sabe. La vida es una sucesión de momentos, algunos buenos, y otros no tanto. Pero cada uno de ellos importa, te enseña; maduras, cambias, evolucionas. Sigues adelante. A veces llorando, otras riendo, y otras con los brazos cruzados pensando “Pero, ¿qué mierda es esta?”
Es curioso todos lo que puedes llegar a sentir en tan solo un día. Sentirse feliz, insegura, vencida, confundida, desolada, sola, enfadada, terriblemente enfadada, decepcionada, absurda, nuevamente enfadada, algo desquiciada y finalmente... ¿Impaciente? ¿Extrañamente... segura? ¿Tal vez fuerte?
Y darle al play nunca me había hecho tanto bien, porque en el momento en que te dejas caer en brazos de la autocompasión, estás perdida. Ser salvada por una misma deja ver cómo eres y probablemente esta forma de ser me siga trayendo problemas durante muchos años... la verdad, no lo sé.
Me siento preparada para el gran golpe, aunque no dejo de pensar que todo iría mejor si la batalla terminase y dejase paso a una tregua. Pase lo que pase, probablemente duela igual, antes o después. Al fin y al cabo, las noches siguen pasando y el sol sale de nuevo cada madrugada. El mundo sigue girando. Si el mundo no se detiene, no te pares tú tampoco. En dieciséis años que llevo de vida, he aprendido que en la vida lo mejor que debes hacer ante cualquier situación, buena o mala, es seguir caminando. Porque hay miles de razones maravillosas en la vida por las que ser felices. Entonces, no podemos esperar.

Esta es la primera noche en la que no ruego a las estrellas una lluvia de meteoritos. Y no sé si será malo o bueno, pero a mí me vale.

Vive a lo loco que lo bueno dura poco.

Soy de las que piensan que lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. No soy de forzar las cosas, pero tampoco soy de esperar. Soy de las que viven rápido para no pensar. Soy de las que sonríen por no llorar. Soy de las que actúan y luego piensan, de las que se contradicen. De las que no tienen nada demasiado claro.  Soy de las que dicen “nunca más” y siempre vuelven. De las que lo intentan y lo acaban consiguiendo. Siempre procuro ir más allá del intento. Soy de las fuertes, bastante más de lo que aparento. Creo que el karma maneja los hilos. Pienso que hoy estamos aquí, mañana allí, la vida puede dar giros de 360º y sorprenderte hasta puntos extremos. Creo que hasta lo más insospechado puede ocurrir. Pienso que el amor es ciego. Y que a veces tenemos la salida a la vista. No ves que es esa la salida, pero como esperamos que la solución nos venga tan... masticada, casi digerida, que nos den todo en bandeja...
Esperas una solución inmediata, tal y como tú la has prediseñado en tu cabeza, esperas que las cosas salgan a tu manera y así no saldremos de nada...  No saldrás de ningún problema, primero, hasta que no veas abiertamente cuál es el problema; y si ya sabes que es un problema entonces, ¿Por qué sigo? Después de horas, tumbada en una toalla sin más ruido que el de las hojas de los árboles durante toda una tarde, he llegado a varias conclusiones, todas ellas conducen a lo mismo.
Tiempo.



El tiempo, no es nada preciso, nada matemático, es incierto y no siempre acompañan las circunstancias pero... creo que de a pocos se construyó Roma, pienso que no podemos empezar una casa por el tejado, primero hay que poner los cimientos sobre los que sostenerte. Dicen en estos casos que ya vendrán tiempos mejores, y ahora que lo pienso... ¿Tiempos mejores? ¿Acaso estos son malos?
Hay dos posibles salidas de este laberinto: ¿Me retiro o sigo? E aquí una gran pregunta. Sé la respuesta, y no voy a rendirme. Dejaré que la vida siga su curso. Siempre confié en el destino, por ejemplo, si dos personas están destinadas a encontrarse da igual la situación, da igual lo que se ponga por delante, da lo mismo la distancia, o si hay alguien de por medio, da igual si no nos acompañan las circunstancias… hay reencuentros inevitables que tarde o temprano acabarán sucediendo.

Escondida entre cartones.

Todos escondemos algo, ¿verdad? Desde que nos levantamos y nos miramos en ese espejo lo único que hacemos es pensar nuestras pequeñas mentiras. Meter tripa, teñirnos el pelo, fumar a escondidas… y, ¿por qué no? ¿Qué castigo hay? ¿Cuáles son las consecuencias?
“En serio, soy humano- diréis- y todo debe perdonarse”. Pero, ¿qué ocurre si un cruel giro del destino te convierte en otra cosa? En algo diferente. ¿Quién te perdona entonces?
Bayron escribió sobre Prometeo: “La eternidad, presente desdichado, fue tuya y muy bien la has sobrellevado, que hace de la muerte una victoria”

Cada ser humano pasa una o dos noches en el lado oscuro y se arrepiente. Pero, ¿qué pasa si solo existes en ese lado oscuro?
Solo queremos las mismas cosas que los demás: una oportunidad en la vida, en el amor… y lo intentamos. Pero, a veces, fracasamos. Y cuando eres distinto, un monstruo, las consecuencias son peores. Mucho peores.
Vosotros os despertáis de vuestras pesadillas; nosotros no.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Yo no lloro, soy alérgica a los momentos tristes.




Lo que te pasa es que quieres tocar el cielo con la punta de los dedos sin que el sol te queme las alas.
Pero eso es cosa de ángeles, no de vagabundos...