miércoles, 30 de diciembre de 2015

La distancia solo separa los cuerpos, no los sentimientos.

Sin evocar, dulcemente, el llanto alegre del que un día fue, se recostó frente a las sábanas, inertes ante tanto dolor cerrado, ahogado, en esta dulce canción deshilachada.
Sentirte cerca no era duro. Simplemente, inevitable. Pero ni las horas se congelan ni la luna es más bella en la madrugada.



Y, entre los baldosines de Madrid, hallé la calma perdida entre las calles sin nombres conocidos, ya olvidados con el paso de las manecillas sonrojadas por tu luz.
Puede que las palabras tiemblen ante el soneto convertido en verso pero hoy el juego no tiene sentido si tú no estás aquí.

Y, sin quererlo, ante el paso de las ciudades que, sin importancia, ignoran el saber, recité mis pensamientos con la esperanza de un “te volveré a ver”.

sábado, 7 de marzo de 2015

Locos, majaretas.



“Locos”, los llamaban.
 Deseaban desesperadamente ser normales. Por miedo.
Miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo a que su nombre se quedara atrapado en el olvido.
Vagaban, con los pies en el suelo, por una calle de inquietantes mentiras dispuestos a criticar cualquier imperfección, buscando una aprobación mísera, tan tenue y efímera como el tiempo, el cual desgastaban con el paso tembloroso de sus zapatos mientras, el resto, los desequilibrados, caminaban sin razón.
“Locos”, los llamaban, como si de un insulto se tratara.
Eran pocos, escasos, casi tanto como los instantes recogidos por las sonrisas de aquellos osados que se atreven a susurrar al sol.

El mundo es hipócrita. “Vivid”, proclaman algunos, al tiempo que sus sangrientos labios malgastan palabras añorando un poder y una fama mezquinas. Y, en busca de una verdad podrida, perderán su vida entre mentiras y apariencias.

Muchos de ellos se pasan su burda existencia buscando una felicidad que les es negada. No por un dios inclemente sino por la venda de sus ojos que el deseo de una vida como los otros, pendientes del beneplácito de la gente “normal”, les arrebata. Algún día, entenderán que el mejor cumplido que recibirán es que están locos, pues de normales y cuerdos está lleno el mundo.


“Locos, raros”, los llamaban. Espero que nunca pierdan su locura ni esa sonrisa traviesa. Espero que no abandonen sus rarezas porque ahí es donde reside su fuerza.

                                                                                                       Seas como seas, se feliz.

martes, 13 de enero de 2015

Fuero interno a la luz de una confesión de Invierno.

Vaga lentamente, descalzo, por el suelo de mi mente como si fuera una canción que marca cada rincón para que pueda encontrarle. Impregna mis pensamientos con fugaces recuerdos que me arrancan su sonrisa, que es la mía. Sus ojos, tranquilizadores, descansan sobre los míos impidiendo que deje de creer. Que en estos tiempos la esperanza es escasa, pero es lo único que nos queda.
Desvelando, tenue, de forma inconsciente,  aquellos sentimientos que un día quise quemar para proteger mis besos. 
Contradicción. ¿Debes o no? 


Destinos que se cumplen y se pierden entre la multitud. ¿Cómo puedes saber que el esfuerzo no dolerá? Sentimientos oscuros, ocultos, guardaron las llaves de lo que un día prometieron no volver a pronunciar estos labios malditos, sedientos, resquebrajados. Pero ya hemos divisado el horizonte y el miedo ya no nos aterra como aquel invierno.
No es fácil. ¿Cuándo lo fue?
Por eso sigo aquí. 
No cedamos en desventajas.
Que lo que cuesta suele atraer, que lo que no cuesta no vale la pena.

Ningún motor, nada de orgullo.

Siéntelo. ¿Puedes ver cómo se mezcla con tu sangre formando resquicios de grandeza? Te hace sentir fuerte. Pero el sendero es largo y los días se pierden, se camuflan en mi cuentagotas.
Quizás debería plantearme los retos dos veces antes de pagar mi deuda. No obstante, ya es hora de deshacernos de los sueños perdidos, muertos, con el resurgir de una voz, temblorosa, que nos impulsa a luchar:


"Al final todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final"

Solo el silencio desvelaría un final complejo.

¿Puedes escuchar aquel murmullo perdido que creímos que era nuestro? ¿Puedes entonar los silencios dormidos tras el placer de los sentidos que acribillan mi cielo?
Echar de menos nunca se nos dió bien, pero un día nos tomaron por fuertes. ¿Te rendirías ahora?
Es imposible encontrar un camino así, por eso me aferro a cada resquicio que me queda. Porque, aunque no volvamos a pisar con pies de plomo, esos ojos me guían en el camino. 


martes, 4 de noviembre de 2014

"Nunquam victus ero"

La dulce e inexplicable sonrisa aguamarina de las mañanas del mes de Mayo se encontró perdida entre los papeles arrugados del que creó una historia a cambio del perdón.


Nunca- decían los valientes-. Nunca perderemos la esperanza”. 
Pero no fueron ellos quienes incumplieron sus palabras 
sino los corazones rotos, 
perplejos, que lloraban.

Cuatro paredes de una torre obsoleta.

Relatos del que quiso y no pudo. 
Secretos oscuros. 
Atrapada entre cuatro paredes, la vida pasa ante mis ojos imperceptibles. 
Y, de pronto, tu mundo empieza a desmontarse.
 Las piezas que parecían encajar se caen con el temblor de tus pensamientos. 
Sabías que debías cambiar pero el miedo sigue ahí 
y, quizás, es eso lo que le impide construir, 
piedra a piedra, paso a paso.


Intentas aparentar que todo va bien. 
No por lucir oro donde no hay más que cenizas, 
sino para convencerte a ti misma de que aún puedes recorrer el camino con una sonrisa, 
que todo sigue igual, que eres la misma.
Pero no es verdad.

Y, poco a poco, te pierdes en la oscuridad…
Mas no debo desvelar los encuentros fortuitos con el fuego, 
pues en la negra noche, el humo desvela tus intenciones.



Relatos de una mente dispersa.

Quería sentir que los mundos volverían a refugiarse en la soledad de la noche. 
Bajito, susurrando, cantarían a las estrellas las batallas y venganzas planeadas; 
los logros y los sueños escondidos bajo la tela de sus banderas.
Pero la luna responde siempre con la misma pregunta que consigue evaporar la tranquilidad: 
“¿Quién eres tú?”.


Y, así, uno a uno, cada caminante evitaba sus ventanas, 
negras, vacías, con la esperanza de una nueva luz al alba...

Incumplidos

No hace mucho, sonreír no era tan caro. 
Evitábamos los encuentros furtivos entre las espadas, envainadas en mentiras vacías.
¿Quién rogó a Baco un poco más de tiempo para encerrar en la caja de música sus sueños?
“Incumplidos- dictaba él-, hallarán la muerte entre cuatro paredes de latón mientras, 
tú, vanidoso humano, hallarás la soledad en cualquier rincón”.

Y no perdía la costumbre de recordarnos sus promesas cada vez más huecas, 
escritas con tinta que ya no cesa…


domingo, 2 de noviembre de 2014

Papel y tinta, solo eso.

Hace tiempo, aprendí a desahogarme con las palabras. Creo que, plasmar tus sentimientos en una hoja en blanco y ver cómo cada letra, en composición y en cadena, van manchándola de verdades nunca dichas y escondidas, es uno de los mayores placeres.
Sentir cómo la tinta va rasgando el papel con la dulzura de una nana e impregnándola de ese olor tan característico… Algo casi tan fantástico como oler un viejo libro, sintiendo el contacto de tus manos con la suave e inquietante carátula, sin miedo a leer a oscuras con una linterna alumbrando tus pensamientos.
Esas maravillas que tanto echaba de menos y que, a veces, se me antojan tan lejanas…




Me encuentro en un punto del camino en el que retroceder es una pérdida de tiempo pero avanzar se me queda grande para estos zapatos. La luz de poniente es cegadora y yo aún tengo tiempo para recrearme en mis sueños, tan dulces e infantiles.
¿Crees necesario un golpe certero? Mi cabeza al menos no.
Quizás a mi fuero interno le dé por apagar las estrellas que, tenuemente, van iluminando la escalada. Pero no será por complicarlo. No… Sino por hacerme entender que se consigue más con una sonrisa que con una espada y que, con estas palabras, los ojos de plata vuelven a alzarse veloces aunque incompletos hacia una perfección inexistente.
Espero despertar mañana con la respuesta apropiada. De momento, caminemos lento.