miércoles, 18 de abril de 2018

Con arrugas en la sonrisa.

Me sonríes tan segura de tus dudas,
tan orgullosa de tus cicatrices,
que me haces sentir que no estoy rota.

Que estas heridas que me forman,
me construyen
y no me estorban.

Que soy mil granos de arena
y un puñado
de historias.


A mi madre.

Madre coraje.

Se levanta en la mañana y en su pecho lleva grabado tu nombre.
Recorre su vida; una vida distinta. 
Disfruta y siente.
Ha creado un pedestal con tus sonrisas y ahora todos pueden contemplar tu magia.
Y tu genio.
Sin palabras, estas lágrimas dicen todo lo que siento al escucharte.

Rozamos caminos y me quedo prendada de ese ángel...
Una misma luz, una misma estrella.
Pero sigue habiendo una habitación que nos atormenta. 
Y ella se levanta valiente y sigue su vida. 
Con un latido menos porque ese corazón late en tu honor.
Y no le importa cederlo. 
Eso es amor...

Al pie del cañón. 
Admirable.
Madre coraje.


A Edu y a Marcos.



martes, 17 de abril de 2018

El primer mes.

Al principio, vas levitando.
No sabes muy bien dónde estás ni el motivo.
La niebla no te deja ver más allá de tus pasos y los porqués se acumulan a las puertas de tu mente.

Haces un esfuerzo por retener a los miedos. 
Se intentan colar por los resquicios de lo que todavía es tu vida normal. Tal y como la conocías.
Una vida que no volverá a ser la misma... 
Cambia en un segundo. Con un simple "clic".

Intentan hacerte poner los pies en el suelo.
Pero no quieres.
Ese no es tu suelo.
¿Dónde está mi suelo, firme y recto?
Ha dejado paso a un montón de dunas. A un desierto de preguntas que no quieres escuchar.
Quiero estar a salvo; quiero volver a casa...

Encuentro mi refugio muy dentro de mí y no quiero salir. 
No es el mejor lugar pero, al menos, en la oscuridad, nadie me molesta.

Pasan los días y esa oscuridad empieza a dejar paso a un túnel poco iluminado.
Poco a poco, empiezas a querer salir (un rato) de tu burbuja.
Y ese túnel es tan esperanzador...
Sigues levitando pero ya no estás tan lejos del suelo.
La caída sigue dando miedo.
Todo da tanto miedo...

El túnel se hace más grande a medida que pasan los días y empiezas a ver una posible salida de toda esa oscuridad.  Decides entrar y posar tus pies en el suelo por primera vez en mucho tiempo.
Al principio, te tambaleas. Parece que tus pies han olvidado cómo andar. Pero te esfuerzas. Lo intentas una y otra vez. Y, aunque tus pasos son lentos, te adentras en el principio de una nueva historia.

Y sonríes. Aunque no te apetezca; aunque sea una sonrisa falsa. 
La actitud es muy importante.
Sonríes por ti y por ellos.
Y avanzas.

El camino acaba de empezar, la niebla empieza a desvanecerse y tú sólo tienes una opción posible: seguir adelante.



Escrito pensando en María L.



domingo, 15 de abril de 2018

Risa floja, cuerda tonta.

He encontrado mil pecados descorchados entre el polvo de la pared y, aún así, me he atrevido a mirar a través del espejo. Dejando de lado todos los porqués y las dudas. Como si hubieran desaparecido de golpe entre mis manos, tibias y suaves.

Y, tú, ser imperfecto, te has arraigado a mi cuerpo como una segunda piel de la que no puedo desprenderme.
Tu olor sigue en mi pecho.
Tu mirada, en mi mente.

                                                     B.



Sin querer queriendo.

Me has roto en mil pedazos
sin querer o, quizás,
queriendo.

Me has hundido en tus mentiras
y te has divertido con ello.

Me has empujado,
me has atado
y retorcido
hasta matar todos mis últimos alientos.

Pero me has dejado vivo tu recuerdo...

                                                                               B.



Cuando los recuerdos esconden las sonrisas que necesitamos.

Cuando las calles te sepan a las cicatrices que dejamos fuera
y las de aquí dentro te empiecen a arder;
cuando los silencios no te miren ni apaguen las luces antes de irte a dormir
y la verdad se deje de hacer;
cuando los inviernos remuevan los versos que algún día quise escribirte
y no fue así,
ella estará aquí.


Aquí.

                                                            B.




En sentimiento y alma.

Me gusta cuando tiemblas
y te desnudas en sentimiento
y alma.

Me gusta cuando lloras
y desbordas las verdades
nunca antes dichas.

Me gusta cuando sufres
y asumes la valentía
de no volver a hacerlo.

Me gusta cuando gritas en silencio
a una ventana cerrada
aunque no logres abrirla.

Me gusta tu ira; me gusta tu enfado.
Me gusta tu oscuridad
que me absorbe y envenena.

                                                      B.


lunes, 20 de noviembre de 2017

El Silencio.

Hay muchos tipos de silencios.
Hay silencios que te invaden y te llenan de un extraño y reconfortante calor.
Hay silencios que te arrebatan palabras, que enmudecen tu alma.

Hay silencios que paran el tiempo, que nos dan un momento, que nos dejan respirar…
Hay silencios musicales que danzan en nuestras cabezas y nos obligan a cambiar.
Hay silencios inconfesables y otros que se confiesan alguna noche del mes de Abril.

Hay silencios que gritan, que estallan, que explotan al silenciar.
Y hay silencios que callan, ausentes totales que obligan a callar.
También hay silencios que hablan por sí solos, que desbordan palabras por los ojos. Miradas que se expresan solas, miradas que te dejan marca.

Y hay silencios que dan miedo. 
Que aterran, que alarman.
Silencios que asustan, que matan lentamente y que no se pueden olvidar…






Aterrada... y valiente.

Y de miedos inundé mis huellas para poder dejarlos atrás con cada paso.
Firme y, a veces, valerosa, arranqué de aquellos ojos el brillo marchito por los años que aún nos quedan y sonreí al destino, pues sus juegos ya no me asustan. Más bien, me son indiferentes.
Así que miré a los ojos del miedo (oscuros, vacíos por dentro) y conseguí gritarle, al fin, aterrada y valiente, que se fuera. 


Cuentan que las agujas del reloj se paran al oír tu voz.

Este año pido más tiempo. 
Tiempo de ese que no sobra, que se desvanece con los besos. 
Tiempo del que enamora; tiempo para recaudar buenos momentos. 
Tiempo que se escapa, tiempo que se esfuma. 
Tiempo que no se deja atrapar; tiempo que se hace de rogar.
Tiempo, bendito tiempo.
De ese que no se acumula, que no se deja poseer. Rebelde sin causa, feliz y travieso.
Quizás por eso vale tanto, quizás por eso merece la pena. 
Porque cuesta retenerlo; porque cuesta atraparlo, conservarlo.
Tendremos que empezar a valorarlo.
Dicen que llega como la espuma de mar y se aleja, libre, sin cadenas, sin miedos.
Tiempo.
Tiempo de ese que no vuelve.
Tiempo que cuenta historias, que las atrapa entre sus alas para volar lejos.
Tiempo de ese que anhelan las agujas del reloj, esas que se paran al oír tu voz.


Bendito tiempo 
                                                que se alej
                                                                                                 con un beso.