martes, 31 de enero de 2012

Paulo Coelho.

"Cuando quieres algo realmente y con todas tus fuerzas, créeme, el universo conspirará para ayudarte a conseguirla..."

domingo, 29 de enero de 2012

Tentación.

Son tuyos. llámalos sentimientos o, simplemente, reacciones químicas. Pero, ahí están, creando microscópicas partículas ligeramente necesarias en ese minúsculo hueco vacío llamado alma.

Utopía.

Llevas tres semanas esperando una llamada, pero se han borrado los puntos de aquella letra del final. Nadie entendería el por qué, ni siquiera tus razones. Pero son tuyas y eso nadie puede arrebatártelo.  Mírame, siempre lo supiste. Tus labios se revelan a la luz de las palabras. Pero nunca lo entenderían. Así que, abre los ojos y mírame, porque hoy es la última ocasión que tienes para ser feliz.
Siempre fuiste alguien más en este cuadrilátero. Nunca supe quién debimos ser. Pero incluso un monstruo puede tenerle miedo a la oscuridad.

jueves, 26 de enero de 2012

Lo siento, perdí mi guía.

A veces, no puedo evitar equivocarme. Soy humana. Pero aquel día no fue mi humanidad. Aquel día, fueron sus palabras. Puedes reírte de mí, ya estoy acostumbrada a empequeñecerme con tu mirada, pero fueron las palabras de mi querido Mr. Sandals las que influyeron en mis sentimientos. Cómo podría explicarte lo que se siente al escuchar esas palabras en tu cabeza, al rebotar e incrustarse en mi pequeño baúl lleno de cartas vacías y manchadas por la tinta de tus labios. {Angustia, Dolor, Ganas de matar aumentando, Miedo… y esos escalofríos otra vez} Es ese típico “si él se tira de un puente, tú también” solo que esta vez lo encabezas tú.

En ese momento, lo único que quería era estar con él. Claro, que eso no significa encontrar la forma de pedir perdón a una persona  a la que había menospreciado y rechazado. Podía haber sido mezquino, podía haberse vengado a lo grande pero no lo hizo. Y en mi vida le he querido más.


Fue un tal 26

martes, 24 de enero de 2012

Historias de un hombre loco.


“Es mi voluntad la que me ha empujado cada vez que he doblado las rodillas; la que nunca deja de creer que yo puedo"
Siempre dije que para poder escribir un buen libro, un buen relato, una buena historia hay que estar un poco loco. Tú siempre lo estuviste, eso hay que admitirlo. Podría decirse que es motivo de envidia entre el populacho. Quién sabe, quizás mañana me encuentre a tu altura. Pero, de momento, me conformaré con mi locura momentánea.
Sí, definitivamente estás loco. Pero te diré una cosa: las mejores personas lo están.
"Me estoy perdiendo" pensarás. Debes saber que yo ya estoy perdida desde hace un par de líneas. Mañana volveré a recordarte con tu bufanda de rayas colgada al cuello como si aquello fuera lo más vital. Perdiste el control con las botellas, y hoy voy a esconderlas en el cajón que guarda la llave inclinada. Sí, esa que siempre llevaba nuestro padre colgando del cinturón escondida tras su abrigo ruso. En definitiva, la primera premisa está concluida con el sabor amargo de aquel licor. Quizás... nuestros amigos dicen "Adiós". Yo te diré "hasta luego", que no me parece tan vulnerable a los hechos.
Omnia itinera ad Roman ducunt.

domingo, 22 de enero de 2012

The Heart never lies.

No siempre es fácil, pero estaré aquí para siempre.


Nunca será solo una canción.

-Vaya… ¡Ya lo has roto!
+ ¿El qué?
-Mi corazón… has pasado por aquí y ni siquiera
me has mirado… ¡lástima!

Cuatro flores para una noche desierta.


+Yo siempre voy a estar contigo, ¿sabes?
- ¿Es una promesa?
+Es un pacto.

Fragmento de Just Breathe One More Time Again.

Me recuerda que he estado buscando la viva imagen del “Chico de los pantalones casi perfectos”. Este chico es lo que se dice como el prototipo perfecto, te llama siempre que haga falta, está a tu lado en los momentos buenos y malos, te mima y se preocupa por ti… vamos que su novia es la envidia de cualquier chica y además ella ya lo sabe porque ya le conté que le tenía envidia por estar con esta joya de amigo y persona.

nunca sabes dónde puedes terminar.

Lo necesito. A la persona que ha sido durante mucho tiempo la más importante de mi vida. Quiero… no sé. Saber qué es levantarte una mañana y sonreír porque vas a verle. Ponerte guapa cada día para que se enamore aún más de ti. No poder dormir la noche anterior a una fecha especial porque estás ansiosa de ver la cara que pone cuando le des su regalo... Joder, no sé. Quiero estar con él. Quiero que se me dé una oportunidad de demostrar que puedo hacer las cosas bien. Quiero ganarme sus "te quiero" y sus "te amo". Nunca por obligación. Quiero que me llame por las noches y quedarnos dormidos colgados del teléfono. Quiero dormir noches con él y despertar por la mañana juntos... Quiero darle los buenos días con un beso y las buenas noches con abrazos como si no hubiera más mundo detrás de él... Quiero ganarme su cariño. Quiero... Quiero que me quiera... Querría tantas cosas con él. Querría todo.


Que sí, que son una lista de cursiladas de las que todos podremos reírnos en un lejano futuro, pero no me importa el futuro. Lo que hice, lo que haré, lo que podría haber sido. ¿Qué? Nunca volverás a ser más bella de lo que eres ahora, nunca volveremos a estar aquí.
Me importas. No sé si eres tú, si soy yo, el mundo que me rodea o las situaciones que se crean alrededor. Pero necesito que me quieras más que nunca, y que me digas que somos solamente nosotros. Porque si no, temo no volver a serlo nunca.
Es así. Digamos que es un error. Lo das todo o eso intentas. Saltas al vacío, desde tu cima, sin estar seguro de si allí abajo, bajo toda esa niebla, habrá alguien o algo que amortigüe tu caída o, al menos, haga que el golpe no sea tan fuerte. No tienes nada seguro. Ni siquiera, si vas a sobrevivir a la caída. Esta vez no te salvará tu cara bonita. Ni tus sonrisas eternas. Ni siquiera, tu orgullo. Ese orgullo que consigue ponerte en tu lugar. No, esta vez no funciona. Esta  vez no tienes un escudo que te proteja. No tienes nada seguro. Es lo único de lo que estoy segura. Es como el universo. Es infinito. Los datos lo indican y tú crees en eso aunque no hay pruebas que lo comprueben con exactitud. Pero debes creerlo.
Así es esto, y es precioso.

viernes, 13 de enero de 2012

Winter.

Aún no ha terminado. Solo es una pausa hasta que vuelva a atacar.
Siempre pensé: "bueno, es mi amigo. Un chico normal, con sus más y sus menos."
Lo que nunca comprendí fue... ¿por qué le tenéis miedo?

Tengo la mente asesina.




Es el miedo. Ese que nos llena, nos confunde, nos aferra. Nos ahoga entre sus manos frías. Esa oscuridad que despierta al final del pasillo y nos consume poco a poco.
{Pausadamente, te impide respirar}

No puedes verlo. Tampoco quieres. Y olvidarlo es aún más difícil. Quizás, si la distancia no fuese la misma, entonces...


{...}
No mires atrás. Acaba de comenzar.

H.

“Mío” decía aquel pensamiento que no debería existir. 
Imposible, ¿cómo era que estaba aún aquí? 
“Mío”.
Me apretó la mano y mi corazón latió fuerte contra mis costillas. 
Era placentero, pero casi dolía…

"The host"

jueves, 12 de enero de 2012

PAULO COEHLO.



<<Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.>>

miércoles, 11 de enero de 2012

Idiotamente incontrolable.

Mientras tus palabras se clavan en mi alma, rasgándola, mi orgullo aparece entre besos y abrazos traicioneros, buscados por un ángel que cambió su luz por un tridente.
Me miras, dolido. Tal vez, Indiferente. Orgulloso, chulo. Asúmelo, tus intentos duelen demasiado. Que te suba el ego. Y me subo a mis tacones, me pongo mi falda más corta, escote supremo.  
Bienvenida, vieja amiga locura. 
Puentes encadenados a palabras engañadas por ojos rojizos. Y, al final de todo, en mi cabeza, se repite tu nombre.

jueves, 5 de enero de 2012

Dulces sueños.

¿Qué por qué Van Goth pintó la noche estrellada? Tal vez, porque el cielo es muy bonito y a todo el mundo le gusta mirarlo. Y nos recuerda que algo está ahí arriba, recordándonos que cada átomo de nuestro cuerpo proviene de una estrella.

La noche es de los poetas y de los locos.

Llegaba tarde a casa, algo inusual por aquel entonces. Un grupo de chicos, sentados en los bancos fríos incorporados en el parque de al lado, se excluían del mundo entre sus historias ficticias. Alejandro, mi mejor amigo, hubiera sabido muy bien por qué decía aquello. Entre las sonrisas maliciosas de un grupo de adolescentes se escondían vidas con problemas, discusiones familiares que no llevaban a nada y amores pasajeros sustituidos cada semana. Se refugiaban en el Vodka Negro y el Licor 43, o eso decían. Ingenuos. Ahora verían doble. Dobles problemas, dobles discusiones, dobles historias distorsionadas sobre la manera de seducir de algunas jovencitas subiditas de tono, “putas” como las llamaban ellos. A lo lejos pude reconocer, mientras regresaba a casa tras una tarde tranquila en un parque tranquilo con mis amigos de siempre, a un grupo de muchachos algo mayor que el anterior. Parecía ser que se conocían, pondría la mano en el fuego porque salían en la misma pandilla. Pero los Ingenuos estaban separados de ellos. Los otros reían y disfrutaban de su mutua compañía, mientras los Ingenuos se mentían con sonrisas falsas que recordaban a la hipocresía.
Ingenuos. Un par de sudaderas mal puestas bajo camisetas ajustadas marcando “pechonalidad”. Alguna que otra pareja, pero no de las de verdad, no. Estas eran de conveniencia, como si volviésemos a unos siglos desencajantes en nuestra sociedad tecnócrata. Aunque qué se podía esperar de ellos. El Narcisismo estaba al orden del día y el Síndrome de Peter Pan inundaba sus casas. Los caprichos, la lujuria, el placer… ya no les satisfacían. Querían más. Todo lo que deseasen, sin prestar atención a su alrededor. “Yo, yo, yo y, después, también yo. Ya, si eso, después vendrás tú”. No valoraban nada de lo que tenían y se quejaban de su mala vida. Olvidaron que siempre hay alguien que está peor que tú. Me parecieron una secta de pequeñas criaturas buscando alguien a quien ponerle las cuerdas del títere, alguien al que atraer a su lado más oscuro. Alguien al que manejar, al que tener de perrito faldero.
Me di cuenta de que, seguramente, la mayoría de ellos no tomarían decisiones. Un tirano ejercía ese puesto. Simplemente, esperaban que les convirtieran en borreguitos sin personalidad. Cada acción que emprenden pretenden que sean aceptadas y reconocidas por los tiranos. De no ser así, quedarán descartadas, tiradas a un montón de desperdicios sueltos por la ciudad.


El resto de la pandilla se divertía entre abrazos, chistes mal contados y besos hasta el amanecer. Miraban al cielo y contaban estrellas tapándolas con los dedos.

-    Mira, Dani, las estrellas  son enormes. Desde aquí no las vemos bien. No podemos ni imaginar lo grandes que pueden llegar a ser. Pero si pongo mi dedo encima, mi dedo es más grande que las estrellas.
      -    ¡Eso es una falacia!- respondió el muchacho de ojos color chocolate negro al que la muchacha de los ojos de plata había llamado Dani.

Las risas ensordecedoras por el comentario de la muchacha hicieron sonreír aún más a los despreocupados niños. Tenían un par de horas más para divertirse, después ya serían responsables. Se conformaban con poco, con una sonrisa a medias y alguna que otra caja de música por Navidad.
Pasé de largo y los dejé en su oscuro rincón. Ojalá los Ingenuos no llegaran a gobernar su pequeño mundo.
La nieve empezó a cubrir mi viejo abrigo gris que guardaba en el armario desde aquel funesto día. Fue el abrigo de una princesa, una tal Alexia. Rubia, ojos marrones. Labios rosados y mejillas sonrojadas por el frío invierno. Hermosa hasta alcanzar el grado de imposible para la mayoría. Inconfundible, inmejorable, inigualable. Nunca habría otra princesa igual, nunca nacería ninguna persona más así, tocada por una varita mágica. Contaba la leyenda que el hombre que rozase sus labios obtendría el mayor tesoro: un alma impugnable.


Seis meses antes, había fallecido en un accidente de coche. Aún no consigo entender como su marido  se salvó. Quizás algún milagro divino, pero hace mucho tiempo que dejé de creer en ángeles. Aquel abrigo era el único recuerdo que me quedaba de ella, sin incluir las fotos sin vida y el olor de su colonia que mi hermana echaba por toda la casa. Decía que se sentía protegida. En fin, los veintitrés años y el destino la habían convertido en la mujer de la casa. Ya no estudiaba tanta medicina como antes. Ahora se dedicaba más a las tareas domésticas mientras nuestro padre nos mantenía con su trabajo como profesor de Biología en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Palabra de Arcángel”. Yo, sin embargo, con mis recién cumplidos dieciocho años aún no sabía que hacer aunque la selectividad me esperaba a la vuelta de la esquina.
Llegué a la puerta de mi casa y torcí las llaves, abriendo sigilosa y musicalmente la cerradura con el contoneo de los metales cristalizados en recuerdos. Aquella dulce sinfonía despertó a mi hermana que me esperaba en el porche de mi casa.
Lucía, somnolienta y sonriente, me regaño cariñosamente.
Me fui a la cama rápidamente y desperté con el sonido furioso de mi despertador. Yo no tenía una mesilla de noche como era lo habitual. No, yo tenía estanterías repletas de libros. Fotos de mis amigos y las noches de fiestas. Cuatro artilugios mal decorados y alguna que otra foto de mi madre. No tenía ningún espejo en mi habitación, así que fui al de mi cuarto de baño y aún entre sueños me arreglé. Bajé a desayunar ya vestida y mi padre me llevó al instituto.
En la puerta, encontré a Noelia, Verónica, Teresa y Daniel; como siempre, hablando de los cotilleos acontecidos el día anterior.
Entramos rápidamente en clase, después de la sirena ensordecedora que retumbaba en nuestras cabezas. Las seis clases antes de la vuelta a casa se me pasaron con cuenta gotas. Al salir del instituto, llevaba más peso en la mochila que al entrar. Supongo que el resacón de la noche anterior no ayudaba mucho.
La tarde transcurrió tranquila, sin altibajos. Estaba remontando, me sentía orgullosa de mí misma. No podía quedarme estancada, el mundo seguía su funcionamiento.
Recibí un mensaje antes de salir hacia la oleada de bares que recorreríamos aquel viernes. Era él. Guillermo.
"Creía que eras de las que sabía decir basta".
 ¿Qué pasa? ¿Qué todos tenemos que tener un límite? No puedo, ¿vale? No puedo. Son demasiadas cosas en pocos meses. Mi madre, luego él. No podía soportarlo más y, aún así seguía en pie. No sabía si era la indecisión, la cobardía o el miedo… pero decidí quedarme en casa. Últimamente, no sabía cómo tomarme las cosas, ni siquiera sus cambios de personalidad.
No, monada... que seas un capullo integral no significas que tengas que pagarlo conmigo. Te calé desde el principio, ibas de original, aunque no te dabas cuenta de que hay millones de tíos como tú. Vagamente inteligentes, agonistas de las clases medias, sin sustancia realmente, sólo un pequeño revoltijo sin dirección. Inmaduro, sexual, puro, arrogante, impotente y rabioso. Quizás eso te hacía diferente. La persona ideal entre corrientes de gente en una esquina de tu querida y conocida cuidad. Una película sin final o un músico que aporrea desesperado la guitarra sin encontrarla a ella. Pero, ¡Pam! Esta es una historia de chico conoce a chica. Él sabe casi de inmediato que ella es quien ha estado buscando. Bla bla bla…
Pero esto no es una historia de amor. Aunque,  todos lo creían. Incluso yo misma. Hasta que todo cambió por completo.
Casi todos los días del año son normales. Comienzan y terminan, sin recuerdos duraderos hechos en el medio. Casi todos los días no tienen ningún impacto sobre el curso de una vida. Pero ese día, todo cambió… mis sentimientos sobre todo.
Encantada, me llamo Alicia. Y, sí. Está nevando.

domingo, 1 de enero de 2012

31 de Diciembre de 2011.

2011. Desde el mismo día que empezó sabía que no iba a ser un buen año pero, en fin. Este ha sido el año en el que hemos madurado, ha sido el año en el que me he dado cuenta de quienes son mis amigos y quienes fingen. Es el año en el que he llorado de frustración, por vosotros. El año en el que he intentado ayudaros sin conseguirlo muchas veces. El año en el que me he tenido que tragar mi orgullo muchas veces, el año del “Te echo de menos”. El año de las agujas y los hospitales, seguidos de ese olor a falso de las habitaciones. El año de las desilusiones, de las equivocaciones. El año de los barbos, los besugos y las sirenas. Ha sido el año en el que las sonrisas nunca han faltado, aunque a veces fueran falsas. El año de las fiestas, el año de las películas de miedo y del “¿te coscas?”.  Pero sigo pensando que de mayor seremos estatuas. El año del “nosotras no somos como las demás, nosotras no llevamos chándal… menos en gimnasia”. El año de las reconciliaciones, de las guerras, de los planes; de los ceros en historia y los unos en física. El año de “Oh, que oh!”, “yo quiero una relación Carmen-Cándido con tito Ángel”, “los pingüinos amarillos existen y están invadiendo la Siberia”. Ha sido el año en el que dos fiestas sorpresas han despertado a  la bar de siempre. Ha sido el año de los “gracias”, el año de los recreos echando de menos a nuestros novios…
- Yo echo de menos a Luis.
- Yo echo de menos a David.
- Yo echo de menos a Juan.
- Pues yo echo de menos a la x-box


Ha sido el año en el que las puertas de mi convento se han roto para siempre, el año de los “veintiunos”, el año de los planes infalibles y las tardes en mi sofá. Ha sido el año de las estrellas que se caen al cielo en un suspiro, el año de los pañuelos rotos en el suelo, el año de las putadas en los cumpleaños, el año en el que os juro que os devolveré esas putadas x)
Ha sido el año de tus besos con mis besos, roce cuerpo a cuerpo, de sábanas empañadas y un cuarto desordenado. Ha sido el año de “pues sí, soy de letras”, del “yo no me pico”, del “¿peeeeeeeeeeeeerdona?”; el año del “porfitasporfitasporfitas”, el año del “baaaaaaaaaaaaaaaaaaar,bar,bar,baaaaaaaaaar”, el año del “Tengo una espabilaera”, el año de “¡Qué culazo tienes!”. Ha sido el año en el que me he propuesto bordear a Juan, el año del verbo “alar”; el año del tigre guasón…
-          El tigre era mi animal favorito.
Y de la sirenita…
-          No volveré a ver esa película.

El año del no me quiero quedar a las puertas, de los te quieros a cualquiera y los te amos a unos pocos. El año de los abrazos, el año del puuuuuuuuuuuuto gaato ;)
Ha sido el año en el que he tenido más miedo, el año de los recreos psicologeando, el año de los abrazos a escondidas. Ha sido el año en el que hemos descubierto que hay una subespecie de pingüinos que son azules. Ha sido el año de Peter Pan y el Rey León.

Ha sido el año de los partidos de fútbol recubiertos por el frío, de las sonrisas conservadas en papel arbal y el año de los peces. Ha sido el año en el que cada uno ha recibido lo que se merece y, sobretodo, ha sido el año de los pingüinos amarillos.
Y aquí estoy, a las 21:47 de la noche sin poder dormir, intentando perfeccionar y deciros de la manera que mejor me sale que, simplemente, lo sois todo. Sinceramente os lo merecéis. Aunque nunca podré devolveros este día, ni el 1 de septiembre, ni el de mi cumpleaños... Vosotros me habéis enseñado y demostrado tanto. Cada palabra, cada sonrisa, cada gesto inusual. Por mucho que lo intente, sé que no vale de nada, porque aparte sois muy cabezones y me vais a decir “cállate”, pero gracias.
Soy consciente de que he perdido mucho tiempo en quienes resultaron no merecerlo, pero no por eso dejaré de apostar por otras personas. La estupidez de una nimidad no habla por todos. Mis amigos me demuestran día a día que aún queda gente por la que sí merece echar alguna lágrima de vez en cuando. Sólo por esas personas. Que a fin de cuentas, le dan más sentido a todo esto que vivimos. Son el por qué. Son mi "por qué".

Digamos que, aunque no me crean, son únicos.